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Full text of "El renegado : zarzuela en dos actos, el segundo dividido en dos cuadros, en prosa y verso, original"

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^^Í^Sl 



I ñm umnu imun Ensniíii 



EL RENEGADO 

ZARZUELA EN DOS ACTOS, EL SEGUNDO DIVIDIDO 
EN DOS CUADROS. EN PROSA Y VERSO 

ORIGINAL 
MÚSICA DEL MAESTRO 

DÍAZ GILES 



PRIMERA EDICIÓN: 300 ejemplares 



Sociedad de Autores Españoles. Prado, 24. 
MADRID, 1932 



EL RENEGADO 



Esta obra es propiedad de sus autores, y na- 
die podrá, sin su permiso, reimprimirla ni re- 
presentarla en España ni en los países con 
los cuales se hayan celebrado o se celebren 
en adelante tratados internacionales de pro- 
piedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de tra- 
ducción. 

Los comisionados y representantes de la 
Sociedad de Autores Españoles son los en- 
cargados, exclusivamente, de conceder o ne- 
gar el permiso de representación y del cobro 
de los derechos de propiedad. 



Droits de representation, de traduction et 
de reproduction reserves pour tous les pays, 
y compris la Suede, la Norvége et la Hol- 
lande. 



Queda hecho el depósito que marca la ley. 



S. IDIIE IIIITIIIEZ 1 1. lOIIUI ESIIIil 



EL RENEGADO 



ZARZUELA EN DOS ACTOS, EL SEGUNDO 

DIVIDIDO EN DOS CUADROS, EN PROSA 

Y VERSO, ORIGINAL 



Música del maestro DÍAZ GILES 



Estrenada con gran éxito en el teatro Lírico, de Pcüma 
de Mallorca, la noche del 13 de noviembre de 1931, y en 
el teatro Victoria, de Barcelona, la del ao del mismo m*s 

y año. 



MADRID 

TALLERES TIPOGRÁFICOS «ARG1S> 

Altamirano, IS 

1932 



A 
Juanito Pons 

modelo de empresarios rumbosos 
y amigo excevcional, siempre, 
con un abrazo fraterno de 

LOS AUTORES 

Enero de 1932 



REPARTO 



PERSONAJES 



ACTORES 



AURORA 

TINA 

MADO 

MOZA 1/ 

SEBASTIAN 

GASPAR 

JUAN 

Tío MENTIRAS 

CARLOS 

DIEGO 

DON TITO 

ANTONIO 

EL RECTOR 

MOZO i.° y FÁMULO I.^ 

2.° y " 2.\ 

EL MAYORAL 



Srta. Vila. 
" Huertas. 
" Otto. 
" Mariscal. 
Sra. García. 
Sr. Gorgé (P.). 

Simón. 

Acuaviva. 

Vidal. 

Ferret (M.). 

Gorgé (M.). 

Llauradó. 

Alcántara. 

Banquells. 

Domínguee. 

Vila. 

Ferret (J.). 



Mozas, mozos, vendimia/doras, vendimiadiores, sefnina- 
ristas y coro general. 

La acción del primero y último cuadro en la imaginaria 
aldea castellana de Sotillo. La del segundo, en una pro- 
vincia de tercer orden, en Castilla. Términos, los del actor. 



El notable primer ador cómico Amadeo Llauradó, por 
deferencia personal a los autores, se encargó de mW papel 
inferior a su categoría artística, que interpretó con el 
acierto que le es habifual. 



EL RENEGADO fué puesto en escena bajo la dirección 
experta de Manuel Prados. 



60G586 



r=ryTcnr=nr»tnt.fiiiuiM,,i=ifjg,Trif=i,?i=ifJi^ftrifrrgiTq 



ACTO PRIMERO 



Plazoleta de las afueras de un pueblo castellcmo. La par- 
da llanura, seca y escueta, se extiende al foro, infinita 
de perspectiva monótona y bella. Limitan la plaza, al- 
zándose frente a frente, dos casas, a ambos lados de la 
escena. Severa, señorial — piedras de recia sillería, bal- 
cón volado, con tejadillo, en su único piso; escudo no- 
biliario sobre las dos hojas, de recios cuarterones, de 
su puerta de entrada, con pátina gris de siglos — , la de la 
defecha. Sólida, permanente en su modernismo — ladri- 
llo rojo refulgente al sol; dos pisos con balconaje de 
hierro y fuertes rejas; puerta de dos batientes con por- 
tillo — , la de la izquierda. Por detrás de cada edificio, que 
fingen esquinazos, accesos libres a la escena, en último 
término. Hay, ante la casa de la derecha; cuando se 
alza el telón, gran animación. Corren de mano en mano 
de los mozos y mozas vasos y jarras repletos de vino 
que unos y otros sacan del interior. Con los pueblerinos 
alternan, beben y ríen, TINA, MADO, CARLOS, DIE- 
GO y DON TITO, que tan pronto obsequian a los mo- 
zos como se sientan indolentes en las butacas de mimbre 
que hay ante la casa, en cuyos respaldos descansan las 
americctnas de ellos. TINA y MADO son dos deliciosas 
muñequitas de lujo que no pueden, ni quieren, ocultar 
su condición, a pesar de qv.c los vestidos que llevan, 
aunque elegantes, son relatiz'amente sencillos, y, en el 
rostro — tostado como el escote y los brazos desnu- 
dos — sólo llevan un poquito de rojo en los labios y 
de azul en los ojos; pero no llevan medias en cambio. 



8 



jQué edadf No aparentan más de veinticinco años. 
CARLOS y DIEGO son dos muchachos que rondan 
la treintena, elegantes y viriles. En cuanto a DON 
TITO, es un vejete atildado, acicalado, teñido y pre- 
sumido, de edad indefinible. Desde luego más de lo 
que aparenta, y siempre mucho. Es el promedio de una 
tarde de septiembre. 

EMPIEZA LA ACCIÓN 



MÚSICA 

Número i 

CORO Venga, venga, más vino; 

sin descanso bebamos ; 

celebremos al mozo 

que puso más tino, 

y en el juego de bolos 

logró al fin ganar. 

Bien el mozo ha vencido, 

pues con maña ha sabido 

con tesón derribar. 

¡Viva el mozo que supo 

en el juego vencer!... 

¡ Nadie, nadie más bolos 

hizo nunca caer!... 
CARLOS Yo aplaudo el arte 

y aplaudo el brío 

con que ese mozo esta tarde 

nos mostró su poderío. 

En esta noble contienda 

se llevó el premio 

que para ella cedí ; 

y me complace 

ver que al trofeo que di, honor le 'hace. 
CORO Y le complace ver que al trofeo que dio 

'honor le hace, el vencedor del combate. 
CARLOS Lo celebraré. 
CORO Lo celebrará. 



— 9 



CARLOS Y en su honor cantaré, 

Es el juego de bolos 

como el juego de amor: 

corre y bate la bola 

del que apunta mejor. 

Y al rodar de la bola, 

como rueda un cantar, 

suele ser la derrota 

del que más fuerte da, en amor, 

del que más fuerte da. 

El vencedor. 

apunta siempre al corazón; 

hay que saber 

poner pasión para vencer . 

Lo mismo en juego que en amores 

el que afine más 

siempre vencerá. 

El que tiene buen brazo, 

si lo sabe emplear, 

en el juego bolos 

siempre habrá de ganar; 

y el que en bellas palabras 

ponga garbo y calor, 

logrará la victoria 

en las lides de amor, mejor, 

en las lides de amor. 

El vencedor, etc. 
CORO El vencedor apunta siempre al corazÓM 

hay que saber 

poner pasión para vencer. 
CARLOS Y al atacar, si vas seguro de ganar, 

siempre serás el triunfador, 

lo mismo en bolos que en amor. 

HABLADO 



CARLOS (A los mozos.) \ Bebed, muchachos ! \ A ver 
si caéis todos al suelo como los bolos de 
la bolera! 



— 10 



MOZO !.• 
DIEGO 

MOZO I.* 



D. TITO 
MOZO i.° 
D. TITO 

MOZO i.° 
MOZO 2." 
D. TITO 



MADO 
TINA 



MADO 
TINA 



MADO 
TINA 



MADO 

TINA 
D. TITO 



¡ No fuera malo ! 

Pues tira con el jarro como con la bolera. 
¡Y a ver qué pasa! 

(Riendo.) ¡ Que no tenga usted que repe- 
tir la orden ! ¡ Hala, muchachos ! (Beben 
todos.) 

(A los mozos.) ¿Se acabó ya el vino? 
Poco; poco va quedando. 
Pues ¡a ver! Dos valientes para un servicio 
de exploración... 
(Destacándose.) ¡ Presente ! 
(Lo mismo.) ¡ A la orden ! 
Desplieguen en guerrilla frente a la bode- 
ga. ¡ Sus y al enemigo ! En marcha, uno, dos, 
uno, dos... (Seguido de los dos mozos hace 
mutis por la derecha primer término. Sin 
dejar de marcar el paso, entre las risas y 
ani'^'ación de todos.) 
(A Tina.) Es gracioso este Tito. 
Demasiado, chica. En Madrid, y viéndole 
sólo a ratos, divierte... ¡Pero llevamos quin- 
ce días aguantándole a pasto ! 
¿Te aburre él... o el pueblo? 
El pueblo, no. Cuando al regreso de Deau- 
ville me propuso Carlos venir aquí y lla- 
maros, acepté satisfechísima; ahora lo es- 
toy más. 
Gracias. 

No, si no es por vosotros. Es que creo que 
aquí he encontrado el amor que soñaba, el 
amor de mi vida. 

(Riendo.) ¡En Sotillo está el amor!... Bue- 
no, ¿y puede saberse quién te ha desperta- 
do esa locura? 

Quien menos puedes imaginarte. Un mo- 
zarrón que... 

{Volviendo con los Mozos i." y 2.°, que tfaeft 
cada uno dos grandes jarras de zñno. El lle- 
va una bandeja con dulces y una cestita dg 



1^' 



TINA 
D. TITO 
TINA 

D. TITO 
MADO 

D. TITO 

TINA 

DIEGO 



CARLOS 
DIEGO 

CARLOS 
DIEGO 

CARLOS 
DIEGO 



CARLOS 

DIEGO 

CARLOS 



— 11 — 

bombones.) ¡ Ojo al botín, camaradas I (To- 
dos les reciben con gran algazara.) Calma en 
el reparto, que para todos habrá. (A tas dos 
jovencitas dándolas los dulces y los bom- 
bones.) Y también para vosotras, nenas. 
Pero, Tito, ¿cómo has dado con esto? 
jToma, pues buscando! 
Es que esto lo tenía cerrado con llave en 
mi armario. 
¡ Justo ! 

¡Vamos, que procedes como si fueras el 
amo! 

Carlos y Tina me han dicho que estoy en 
mi casa. (A Tina.) ¿Es así o no es así? 
(Riendo.) ¡Eres un caso, Tito! (Siguen ha- 
blando aparte.) 

(Que está con Carlos ante la casa de la iz- 
quierda. Viendo que su amigo mira disimu- 
ladamente por la puerta y las ventanas.) No 
está. 
I Cómo ? 

Que no está, Carlos; que salió muy de ma- 
ñana a vendimiar. 
Pero, ¿quién? 

¡Eh, éh! ¡A mí, no! Si hablamos de mala 
fe, me tiro al suelo y me rompo el traje. 
Te digo que no te entiendo. 
¡Vaya, pues más claro! Estilo telegrama 
y todo: Aurora salió mañanita, regresará 
vendimiadores atardecer. Saludos, Diego. 
¡Bah! ¿Te crees que es eso lo que me pre- 
ocupa? 

No. Lo que te tiene sin sueño es la coti- 
zación de la libra; de acuerdo. 
(Saliendo al centro de la escena.) Pero va- 
mos a ver, ¿qué pasa aquí que sólo se pien- 
sa en beber?... Tú, inmenso Tito, ¿no in- 
venta nada tu ingenio revolucionario de los 
festejos? 



12 — 



D. TITO 

TINA 
CARLOS 
MADO 
DIEGO 
D. TITO 



CARLOS 
D. TITO 



MENT. 

CARLOS 

MENT. 
D. TITO 

MENT. 



TINA 



MENT. 



¿Queréis que ponga el gramófono? 
(Su propuesta suscita las ira^ d^l grupo.) 
\ No, por favor ! 
¡ Buena idea ! 
¡Antes la radio! 
¡ Se te ocuren unas cosas ! 
i Alto allá ! i Protesto ! Lo del gramófono no 
es invención mía. j Es de Edison ! No quie- 
ro adornarme con plumas ajenas. 
¡ Eres un ganso ! 

Soy un ganso, pero con mis plumas. 
{Por el foro llega el Tío Mentiras; más de 
sesenta, tal vez setenta años; socarrón in- 
tencionado. Seco de cuerpo, cara roja, ca- 
bello Cano y corto. Se hace el infelig y el 
bobcdicón, pero es más vivo que una centella.) 
¿Conque hay vino y nadie quiere 
guardar un jarro pa mí? 
(Dándole uno.) Y una bota, tío Mentiris. 
Ahí le va. ¿Es bastante? 
Sí. (Bebe.) 

¡Buen vinillo! (Devuelve el jarro.) ¿D« 
verdad?... 

Tito, yo no sé mentir. 
Y a todo esto buenas tardes 
a todos. Siga el festín, 
que me marcho, sT he venido 
el jolgorio a interrumpir. 
Nada de eso, tío Mentiras. 
Y, ya que ha venido aquí, 
dígame : ¿ por qué le han p.ue«t» 
ese mote? 

Por decir 
siempre la verdad a todos. 
Hoy la gente da en mentir, 
disimulan lo que sienten, 
y la fuerza del fingir 
les hace tomar por ciertas 
mis mentiras. Yo que fui 



13 — 



MOZO I. 
MOZO 3. 

MENT. 



MOZO i; 

DIEGO 

TINA 

CARLOS 

MENT. 



un hombre sincero siempre, 
¡me río tanto al decir 
que es mentira una verdad, 
como un puño ! ¡ Soy feliz, 
con ello» a nadie hago daño, 
y yo me divierto así! 
Sabe la historia de todos. 
¡Y las que inventa! 

i Sí, sí ! 
¡Como si fuera preciso 
molestarme en discurrir 
jaleos, desvergüenzas, líos! 
Se podrían escribir 
más tomos que un diccionario 
con lo que hacéis y decís 
los muy honrados vecinos, 
del pueblo donde nací. 
¡ Si habla hasta del señorío ! 
¿De nosotros? 

¿El qué?... 

¡Di! 
¡Claro que diré! No creas 
que me voy a arrepentir. 
Digo que has venido al pueblo 
a ser el hazmerreír 
de todos, con una niña 
que fuma y que viste aquí 
de una manera que... vamos... 
¡Vamos, que eso no es vestir! 
Que la casa solariega 
de tus padres, es pa ti 
un cabarete de esos 
de fulanas de postín; 
que te comen por los pies, 
tus amigos de Madrid ; 
que en dos días te has bebido 
una cosecha; que a mi 
me escuchas, porque me tienes 
por idiota, o cosa así... {Echándose a reír.) 



— 14 — 



CARLOS 

DIEGO 

TINA 



MADO 
CARLOS 

DIEGO 
D. TITO 
CARLOS 



D. TITO 
MADO 
MOZO i.° 



MENT. 



MOZA I.* 
CARLOS 
MOZO 1° 



¡Y que si esto son verdades, 
yo no sé lo que es mentir! (Ríe como idiota 
ladmo y socarrón. Todos te imitan regoci- 
jados.) 

[Entre carcajadas.) Bien, tío Mentiras; eres 
digno de ser bufón de un señor feudal. 
¡ Qué bárbaro ! ¡ Te has ganado otra jarra 
de vino ! ¡ Toma ! (Se la da.) 
(Un poquito picada.) Pues no me explico lá 
risa, la verdad. ¡ Maldita la gracia que tie- 
ne aguantar tanta grosería! 
(Lo mismo.) Y que lo digas, Tina. 
(Acudiendo risueño a contentarlas.) Vamos, 
no os pongáis así, criaturas. 
(Lo mismo.) ¿No veis que es medio tonto? 
Y vosotros tontos enteros. 
(A Carcajadas.) ¿También tú te molestas. 
Tito?... Ten presente que se trata de un 
vejestorio. 

¡ Pero las dice como puños ! 
Es insoportable. 

Venga acá, tío Mentiras. ¿A que usted que 
lo sabe to, no sabe por qué se hace de no- 
che? 

Pues, mira tú que es difícil. Pa que ten- 
gas pretexto pa alumbrarte en la taberna. 
(Grandes risas.) 

(Al mozo primero.) ¡Vuelve por ott-a? 
Te ha dejado muerto. 
(Riendo.) ¡Y lo mejor es que tié más razón 
que un santo! (Nuevas risas de todos. Ha 
llegado, por la derecha, Sebastián. "El Re- 
negado", hombre fuerte, recio, de cara en 
que las profundas arrugas parecen hechas 
a cincel; tiene cincuenta años de edad y es 
seco, enjuto y duro como un sarmiento. Ate- 
zado, broncíneo casi, el rostro, los ojos bri- 
llan acerados y enérgicos. Pelo blanco, muy 
blonco y corto. Viste de negro y lleva ancho 



■á 



15 



sombrero del mismo color. Anda pausado y 
habla lento. Cruza entre los grupos con di- 
rección a la ccksa de la izquierda y a su paso 
las risas cesan y se hace un silencio ame- 
drentado y hondo.) 

MENT. {Al ver que Sebastián, abstraído y extraño 

a cuanto hay en su torno llega a la puerta 
de su casa y va a desaparecer por ella.) \ Sin 
saludar, Sebastián, que no hay nadie! 

SEBAS. {Se detiene en el umbral mismo y "alza la 

cabeza.) ¿Eh? {Pasea la mirada por todos 
y lentamente se lleva la mano al sombrero, 
se descubre, y dice.) Buenas tardes nos dé 
Dios, {Y sin volver a cubrirse hace mutis.) 

MOZO 2.* {Al cabo de una pausa.) Preocupado va el 
Sebastián. 

MENT. ¡Y no sin motivo! 

MOZA I.' ¡Ohist! ¡Cuidado! Si nos oye... 

CARLOS No sé qué miedo le tiene todo Sotillo al 
"Renegado". 

MOZA I.* Calle, don Carlos, como él se entere... 

CARLOS Como él se entere, ¿qué?... 

MOZO i.° Ná, claro está que ná. Pero es mejor que 
no le oiga que le llama por el mote. 

CARLOS Así os tiene a todos. Por lo visto, resulta 
tan sencillo dominar a un pueblo como 
echárselas de protector de una huérfana para 
cuando la chica llegue a la mayor edad, ca- 
sarse con ella y tener mujer, ya que todas 
las otras le despreciaron... 

MOZO I." Sí, la Aurora es consentidora. 

MENT. ¿Qué otra cosa va a hacer la infeliz? Tié 

razón Carlos. El Sebastián os ha metió a 
tos el resuello en el cuerpo. ¡ Miá que es 
guapa y garrida y bien planta la Aurora ! 
Pues ni en fiesta, ni en Romería, salís nin- 
guno a bailarla, ni naide se atrevió a rondar- 
la la reja. ; Y a eso le llamas tú ser consenti- 
dora? Pus a eso le llamo yo que, en Soti- 



16 



lio, los mozos debían llevar cubrecorsé en 
lugar de faja. 

MOZO 2.* ¡A ver si tenemos obligación de que nos 
guste la Aurora! 

MENT. Natural que no ; pero no te las tires de fino 

de boca, que dos meses le hablaste a la 
Petra, que es bizca, y pa casarte estuviste 
con la Juana, que es pica de viruelas. (Ri- 
sas.) 

TINA El que más riesgo parecía tener de enamo- 

rarse de ella, no ha caído, tío Mentiras. Ya 
ve que Gaspar... 

MENT. Gaspar, moza, es harina de otro costal. So- 

brino, ahijado del Sebastián, se crió como 
hermano con la Aurora hasta que le dio la 
ventolera de irse pa el seminario, aprove- 
chando una beca de los antepasados de Car- 
los, que más valía que las hubiesen dejao pa 
la cría de alacranes. 

CARLOS Te advierto que yo no tengo la culpa 
de que Gaspar se marche, la Aurora esté 
sin cortejo y Sebastián... 

MENT. Ya sé que si pudieses remediarías, por lo me- 

nos, lo de la Aurora. 

DIEGO ¡Qué bromista! ¿Verdad, Tina? (Haciendo 

el quite a su amigo.) 

TINA (Amoscada.) ¿Bromista? ¡Esa mentira ha- 

cía ya tiempo que me la tengo yo tragada. 
(Levantándose, se aparta de ellos.) Mado, 
¿haces el favor de venir conmigo? 

MADO ¿Cómo no, hijita? Vamos a tu tocador, a 

ver si se nos quita ese olor a gentuza. (Mu- 
tis de las dos muy dignas por la casa de la 
derecha.) 

MENT. Difícil va a ser como no os raspéis el pe- 

llejo, majas. 

D. TITO ¡Ha metido usted la pata hasta el cuadril, 
tio Mentiras! 

MENT. Mira, Tito. Hasta que no te pintes el bi- 



17 



D. TITO 
MOZO I.» 

MENT. 

MOZA I.* 
CARLOS 

MENT. 

CARLOS 

MENT. 



CARLOS 

DTEGO 
MENT. 



CARLOS 
MENT. 



CARLOS 

MENT. 



gote de un solo color y tengas nombre de 
cristiano, no hables con personas. (Ríen to- 
dos.) 

¡Me descompone este animal! (F se va a la 
casa hecho un basilisco.) 
¡Como si los pusiera cohetes, tío Menti- 
ras! 

Y eso que son mu señoritos, j Pa tos hay en 
la viña del Señor! 

Y tanto. 

(Que hablaba aparte, con Diego.) Óyeme, tío 
Mentiras. 

{Acercándose a ellos.) Tú dirás... 
¿Se vuelve por fin Gaspar al seminario?... 
Hoy se le concluyen las vacaciones. Y de 
aquí' a una hora sale el coche correo pa la 
ciudá. Al volver de la vendimia han de es- 
tar él y la Aurora. 

Bien. Ahora, contesta. ¿Tú crees que la Au- 
rora quiere al Renegado? 
Sin mentir. 

Mal, no la ha hecho. El Sebastián, que se 
hizo rico y poderoso prestando con usura, 
siendo el dogal al cuello de to Soíillo, odia- 
do con furia y temido más que odiado, solo 
pa la Aurora, recogía de seis meses, al mo- 
rir sus padres, ha tenío ternuras y cari- 
nos. 

Entonces, ¿le quiere? 

¿Por qué debe quererle? ¿Porque sólo le 
ha hecho bien?... ¡ Bah ! Si too eso fuera 
motivo pa algo, pué que fuese motivo pa 
to lo contrario. 

¿Hablas en serio o en broma? {Nervioso 
cogiéndole de un braco y zarandeándole.) 
\ Responde ! 

{Rompiendo a reír, como siempre.) ¡ Ja, ja, 
ja, ja, ja! No te pongas nervioso, Garli- 
tos... ¿No sabes que soy medio tonto? 



— 18 



CARLOS 
DIEGO 

MENT. 

DIEGO 
CARLOS 
MOZO I." 



MOZO 2." 
MENT. 



GASPAR 



(Sonándole, de un empellón, lo derriba a¡ 
suelo.) ¡Canalla!... Si no mirase... 
(Conteniéndole. Los mozos y mozas miran 
la escena sin atreverse a intervenir.) \ Carlos ! 
¡Que es un viejo! 

(En tierra, sin dejar de reír.) ¡Déjale! ¡Por 
eso se atreve! ¡Porque soy un viejo! ¡Como 
si valiese la pena de tomar en serio al tío 
Mentiras ! 

(Llevándose a su amigo.) Anda, ven. No le 
hagas caso. 

Vamonos, sí. Es lo mejor. (Mutis los dos 
por la derecha.) 

(Apenas se fueron los señoritos, acude con 
los otros a levc6nt(frle solicito.) ¿Le han he- 
cho daño? 

(Lo mismo.) Se vale de quién es. 
De quienes sois vosotros. (Se levanta re- 
chazando la ayuda de todos.) Dejadme, de- 
jadme... (En pie se sacude el polvo.) ¡Bra- 
vo, mozos de Sotillo, bravo ! Ni cortejáis 
a una moza que acecha un viejo, ni defen- 
déis a un anciano, al que pega un joven- 
zuelo. (Riendo.) ¡Y luego habláis de mis 
verdades! (vS'^ abre calle entre ellos que es 
tan mohinos.) A quien que se le cuente esto, j 
¿no lo creerá mentira? ¿A quién?... ¡Ja, ja, 
ja ! Buenas, buenas verdades pa mis menti- 
ras... (Ha ido haciendo mutis por la derC' 
cha tercer término sin dejar de reírse.) 

MÚSICA 

Número 2 



(Dentro) 

Vendimiar, vendimiar, 
en los verdes parrales; 
vendimiar, vendimiar, 
los racimos dorados... 



— 19 — 

Bajo el oro del sol, 
los racimos granaron. 
Vendimiar, vendimiar, 
cuando el pecho nos arde; 
vendimiar, vendimiar, 
este fruto preciado; 
para el vino mejor, 
los racimos granaron, 
bajo el oro del sol. 

AURORA y CORO SEÑORAS (Dentro.) 
El racimo que llevo 
prendido en mi boca, 
a ver quién me lo gana^ 
a ver quién lo toca; 
el mozo que lo quite 
sabe que logra 
para él los amores 
^ que guarda esta boca . 
Vendimia tú, mi mozo, 
vendimia, ya, en mis labiof 
que ellos están diciendo: 
vendimia, mi mozo, 
vendimia el amor. 

rASPAR (Dentro.) 

Vendimiar, vendimiar, 

en los verdes parrales; 

vendimiar, vendimiar 

los racimos dorados. 

Bajo el oro del sol, 

(Entra en escena con todos.) 

los racimos granados. 

RECITADO 



ífOZO I.*» 
pl^ASPAR 

1020 2.* 
VURORA 



¡Tarde volvéis de la vendimia! 

Es que daba pena dejar el campo. ¡£« tas 

hermoso aquéllo! - 

jY bien que lo digas, Gaspar! 

Vendimia castellana^ 



— 20 — 

que de mis campos 
es la esperanza; 
tú serás la promesa 
de qué me espera 
algún amor; 
que si es mi vida 
triste, tú has de decirme 
que Iha de madurar 
y que ha de granar, 
igual que los racimos, 
algún cariño 
para mi dolor. ¡Ahí 
Vendimiador, 
vendimiador, 
coge el corazón 
hasta sangrar, 
al apretarle sin compasión; 
que si consigues ver que su sangre 
gozoso da, 
no habrá mejor 
vendimiador nunca jamás; 
que ver así 

las penas de amor se van, se van. 
GASPAR Vendimia castellana 
que entre las vides 
alegra el alma 
quién arrancar pudiera 
cual los racimos, de aquí el dolor 
penas que me traspasan 
y que me matan 
os he de estrujar, 
os he de pisar; 
igual que los racimos 
daréis el vino 
de hiél y de amor. ¡ Ah ! 
;• .: ---Vendimiador, 
vendimiador ; 
coge el corazón 
ha«ta sangrar. 



21 — 



CORO 



AU.-GAS. 



al apretarle sin compasión ; 

que si consigues 

ver que su sangre gozosa da, 

no habrá mejor vendimia, 

nunca jamás; 

que ver así que las penas 

de amor se van. 

Vendimiador, 

vendimiador, 

coge el corazón 

hasta sangrar, etc., etc. 

Que si consigues 

ver que su sangré 

gozo da, 

no habrá mejor 

vendimia, 

nunca jamás, 

que ver que asi las penms 

de amor se van. ¡ Ah ! 



HABLADO 



MOZO 2.' 
MOZA I." 



Ca día está más loco. 
O más razonable, vete tú a saber. 
{Gaspar ha quedado al centro de las escena 
con Aurora, rodeado por los personajes que 
había en la plazoleta, mas las vendimiadoras 
y los vendimiadores que entraron con ellos. 
Gaspar, representa poco más o menos vein- 
ticinco años, y es fuerte, moreno, pelo negro 
y ojos oscuros. Viene en mangas de camisa, 
manóhada del sumo de las uvas, abierta so- 
bre el pecho y las mangas remangadas. Au- 
rora es una moza bellísima y morena, que 
apenas ha cumplido los veintidós amos. Blu- 
sa blanca desco'tada y bra^so al aire, saya os- 
cura. Hojas de parra adornan su cabellera, 
prestando a su figura un saber báquico, pa- 
gano y fuertemente poderoso.) 



— 22 



MOZO I." 
GASPAR 
MOZO 2.' 
AURORA 

GASPAR 
AURORA 
MOZO 1.° 



GASPAR Gracias, buenos amigos. 

Todos me acompañasteis 

en la última jornada 

que pasé en el lugar 

y mañana, en la calma 

del viejo seminario, 

sólo con el recuerdo 

os volveré a mirar. 

¿Te vas por fin? 

Sin duda. 

¿Lo tienes decidido? 

Piensa bien que los votos 

solemnes vas a hacer. 

Lo he pensado. 

¿Y lo aceptas?... 

¡ Vocación hace falta 

pa renunciar por siempre 

a un querer de mujer. 

(Mira malicioso a sus componeros, que se 

ríen socarrones.) 

{Un poco violento por las palabras del 

mozo.) Hablemos de otra cosa. 

De na. 

Vamos pa el pueblo, 

que hay que dejar los cestos 

antes de la oración. 

¿Hay fiesta? 

Hay despedida. 

Vendremos a decirte 

adiós. 

¡Con un abrazo 

dao con el corazón! 

Igual habré de dároslo; 

los años juveniles, 

los amigos sinceros, 

nunca se han de olvidar. 

{Van haciendo mutis todos por la derecha, 

último término.) 
MOZA I.* Entonces, hasta luego. 



GASPAR 
MOZO I.' 



GASPAR 
MOZA !.• 
MOZA 2.* 

MOZO I.' 

GASPAR 



— 23 — 



AURORA 
MOZO 2." 



MOZO I.' 



AURORA 
GASPAR 

AURORA 



GASPAR 



AURORA 

GASPAR 
AURORA 



Hasta después, muchacha... 
(Dándole una palmetada en el hombro a 
Gaspar.) 

¡Adiós, futuro obispo! 
(El mismo jitego.) 
¡Adiós, padre Gaspar! 
(Se han marchado las mozas y mozos. Au- 
rora y Gaspar, que llegaron al foro para diSs- 
pedirles, vuelven al centro de la escena. Una 
pausa breve.) 
¿Busco al padrino? 
(Señalando la casa.) 
Estará dentro. 

No tiene sosiego 
desde hace días. Te ruego 
que no te separes ya 
de su lado, ihasta la hora 
de irte. 

Ya pensaba hacerlo. 
Y tú no sabes, Aurora, 
la pena que me da verlo. 
Cuando cree a solas estar^ 
rompe a llorar como un niño. 
¡Mi marcha le hace llorar! 
Sólo tú puedes calmar 
su pena, con tu cariño. 
Para el invierno es la boda; 
el Sebastián, lo indicó. 
¿Pero tú lo aceptas? 

¿Yo? 
nunca hice en la vida todo 
más que lo que él me mandó. 
¡Le tengo que agradecer 
tanto, que haré lo que exija! 
El me recogió al nacer: 

Í>rimero he sido su hija, 
uego seré su mujer. 
Pero, tú... ¿Has pensado el caso 
de tu vida?... 



24 



GARPAR Decidido. 

En la senda que he escogido, 

nadie torcerá mi paso. 

Me aburre el mundo. No ansio 

ni placeres, ni alegrías; 

sin penaSj sin rebeldías, 

en el hábito confío^ 

para acompasar mis días. 

Aurora, tú no mentías^ 

cuando al mirarme sombrío, 

¡eres viejo!, me decías. 

AURORA. (Con mucha emoción y ternura.) 
Gaspar, contig'5 se va 
mi juventud, ¡poca cosa! 
¿No es eso? Pero es que ya 
sobre mi pecho una losa 
para siempre pesará. 
¿Quién alegrará mi vida? 
¿Quién vendimiará a mi lado? 
¿Quién ya la tarde vencida, 
en su jaca embravecida, 
irá conmigo, montado? 
¿Quién hasta el parral más alto, 
desde hoy me hará llegar? 

GASPAR Hay brazos en el lugar 

que te alzarán, si yo falto. 

AURORA ¡Ay!... Quien, entonces pensaba 
que el mozo que más cantaba 
al retorno del tra'Sajo, 
en que en los pinares daba, 
con más tino el mejor tajo, 
el de la faja ceñida, 
con un cuchillo luciendo, 
llegará a cambiar su vida 
para cerrarse una herida 
que le hace vivir muriendo. 

GA.SPAR (Turbado.) 

¡Cállate, Aurora! 

AURORA ¡Qué fuerte! 

le ha dado al curita nuevo! 



25 



GASPAR 
AURORA 



GASPAR 
AURORA 



GASPAR 

AURORA 

GASPAR 

AURORA 

GASPAR 

AURORA 



(Como antes.) 

¡ Cállate ! Que no me atrevo 

como debo, a responderte. 

A veces, me causa risa 

pensar en verte de cura, 

pensar en que cantes misa. 

j Perdóname la locura 

por ese día, Gaspar, 

en que te vea llegar 

con teja y hábito aquí 

me parecerá soñar 

y no te respondo si 

daré en reír, o en llorar. 

(Grofue.) 

Reírte, no. 

¿Ves? Ya estás 
en párroco, tan serióte. 
¡ Si te ríes, pecarás ! 
dice el señor sacerdote. 
Y su prima se estremece 
de miedo, y cuando obscurece, 
cuando ya el sol va sin luz, 
ve al curita que parece 
nimbado por una cruz. 
¡ La cruz de lo que padece ! 
(Vivamente.) 
¿Yo? ¿Por qué? 
(Con mucha intención.) 
¡ Todo se sabe ! 
(Impaciente.) 

i Acaba ! ¡ Dime ! ¿ Qué callas ? 
No es el asunto tan grave 
para que lejos te vayas. 
(Cada ve, 'y más nervioso.) 
Concluye, Aurora. ¿Qué quiere* 
decir con eso? 

Que acaso 
mienten algunas mujeres 
pero dicen que te muere» 
por una y no te hace caso. 



— 26 



GASPAR 



AURORA 



GASPAR (Enérgico, varonil, furioso casi.) 

¿Quién lo dice?... jDime un nombre! 

Tan sólo uno. ¿Quién se atreve? 
AURORA (Satisfechít.) 

I Vaya el curita, ya es hombre! 

j Ya no es su genio tan leve ! 

(Acercándosele.) 

¡ Si vieses lo que daría 

por saber cuál es la moza 

que así te da esa agonía, 

que así tu vida destroza ! 

¡Dímelo, Gaspar!... ¿La Juana? 

¿La Fuencisla? ¿La Isabel? 

(SupUcante.) 

\ Aurora ! ¿Por qué se afana 

la gente en ser tan cruel?... 

¡ Tú no lo seas, hermana !... 

(Cambiando el tono, conmovida.) 

No volveré a importunarte. 

Nos vamos a separar, 

para siempre : tú, a encerrarte, 

y yo, Gaspar, a casar. 

¡ Si !he podido molestarte, 

tú me sabrás perdonar! (Hay lágrimas en 

su voz y a su pesar, en sus ojos. Gaspar, 

quiere hablar y no sabe o no Puede, Todo se 

resuelve en una breve pausa que corta Se- 
bastián saliendo de su casa.) 
SEBAS. (Después de contemplar desde la puerta un 

momento, silencioso, la escena.) 

Lágrimas... Silencio. ¡Veo 

que apunta la despedida ! 

(Avanza y pone la mano, cariñoso, en el 

)hombro de ella.) 

Anda, vete a casa y cuida 

de aviar a tu deseo 

el equipaje y procura 

ni lo superfluo olvidar. 

(Con intención.) 



— 27 



GASPAR 
SEBAS. 



GASPAR 
SEBAS. 



GASPAR 
SEBAS. 

GASPAR 
SEBAS. 



¡Que no tenga el señor cura 
nada de menos que echar! 
{Obedece Aurora, y se va por la primera iz- 
quierda. El anciano se dirige entonces a 
Gaspar, que quedó a la derecha, pensativo.) 

Y tú, ven acá. 
{Acercándose.) 

Padrino. . . 
Me han dicho que has hecho alarde 
de mozo alegre; esta tarde, 
al volver por el camino; 
que tu voz cantó con brío, 
que, en los parrales probaste 
la fuerza y que demostraste 
de tu brazo el poderío. {Con mucha inten- 
ción y tono picaro.) 

Y hasta dijeron, Gaspar, 
que al abrigo de unos setos, 
con una moza, en secretos 
sabrosos, se te vio andar. 
{Serio. Dolido.) 

¡Calle, padrino. Bien sé 
lo que usted busca... 

¿Y te duele? 
{Transición brusca. Hosco, se aparta de él.) 
Pues al seminario ve 
y tu amor se te consuele. 
¿ También ? 

Sí, ¡también lo sé. {Brevísima pausa. Gas- 
par, lucha por sincerarse y al fin, se decide.) 
Padrino... No crea... 
{Enérgico.) 

¡ Basta ! 
Te vas a ir esta noche 
y no me oirás ni un reproche, 
i Sé cómo el mozo las gasta ! 
Cual buen castellano firme 
encierra el secreto en roca 
y antes que su pecho abrirme. 



— 28 — 

para su pena decirme, 

se apuñalará la boca. 

Hoy te marchas de mi lado 

y, antes que cambie tu suerte, 

lo que muchos te han contado, 

te diré. ¡ Dios sea loado, 

si de algo puede valerte, 

ver mi pecho destrozado! 

Mi historia vas a escuchar 

y que ella tu norma sea; 

escúchame bien, Gaspar, 

por qué me han dado en llamar 

el "Renegado", en la aldea. (Pausa «n la 

que se reconcentra en sus recuerdos.) 

Ya muy lejano va el día, 

cuando en una noche así, 

me alejaba yo de aquí; 

tus mismos años tenía 

y un alma igual que la tuya 

y también iba a cambiar 

la tierra por el altar, 

la manta, por la casulla. 

Fui siempre el mejor mozo, 

el más amado y temido, 

el que no ihalló en el partido 

un rival para el amor. 

Así, en la comarca entera. 

fiesta que había, allí estaba 

y en romería que entraba 

la moza más altanera, 

de igual a igual me miraba. 

Una hora mala quebró 

el camino de mi vida. 

Una mujer me miró. 

y en sus ojos esgrimió 

ún puñal... que hizo una herida. 

Desde aquel día traidor 

no tuve paz. ni sosiego. 

juguete fui de su amor 



— 29 — 

y por ella viví ciego. 
Ni en la jaca galopar, 
ni en la vendimia reír, 
ni en los caminos cantar, 
ni en las rondas cortejar, 
ni en los cortejos reñir, 
¡ Ella era sólo mi sueño ! 
Y cuanto más la adoraba 
me hería con más empeño, 
con más crueldad me burlaba. 
Un año, dos, intentando 
lo que nunca conseguí. 
Y, un día, una tarde, cuando 
todo por perdido di 
abandoné nuestra aldea. 
¡Ya la pelea ante el mundo 
cesaba! Aquí, en lo profundo 
del pecho ¡ era mi pelea ! 
En los claustros olvidar 
aquel cariño intenté; 
pero por todo lugar, 
jardín, o celda, o altar, 
su imagen, mi obsesión fué. 
Su recuerdo cada día 
más dentro se me clavaba, 
y mi voluntad luchaba 
y mi corazón sufría. 
Al cabo, una noche fría, 
el seminario dejaba 
y a Sotillo me volvía. 
Aquí todos me miraron 
como aborto del infierno; 
condenado al fuego eterno, 
todos me consideraron; 
nadie quiso la amistad 
del que renunció a ser cura. 
Surgió el mote ; la crueldad 
de la gente de alma dura 
»c cebó en mi desventura 



— 30 ~ 

despertando mi maldad, 
y vi mi escasa heredad 
acrecerse con la usura. 
Sólo dos cariños, ¡dos! 
Aurora y tú, lo sois todo 
para mí. ¡Creo que Dios 
no me premió de mal modo! 
Por eso te hablo hoy así. 
Gaspar: por aquella moza 
al seminario partí, 
y hoy mi pecho se destroza 
viendo mi reflejo en ti. 
Sé que por una te vas 
y no se cuál de ellas es; 
pero no tengo interés 
en conocerla jamás. 
Sé que debe ser muy bella; 
sé que debe ser tirana, 
cuando tu querer se estrella 
como el aire, en su ventana; 
pero sé también, Gaspar, 
que allí, lejos, tardes largas 
te esperan, noches amargas 
en que no la has de olvidar. 
Y, acaso, llegue la hora 
en que, al son de una campana, 
hirviendo sangre pagana, 
en pecho que a Dios adora; 
picando espuela de celos, 
en corazón penitente; 
al descorrerse los velos 
de tus ojos, de repente, 
sordo a campanas y rezos, 
ebrio de pasión terrena, 
por entre espinas y brezos 
en la besana serena 
avanzarás, jadeante; 
y, ya de noche, al llegar 
una reja a divisar. 



31 — 



GASPAR 



SEBAS. 
GASPAR 
SEBAS. 
GASPAR 



viendo a otro mozo que cante, 

donde soñaste cantar; 

viendo lo que otro logró 

y tú perdiste, cobarde, 

¡ te acordarás de esta tarde 

en que el padrino te habló ! 

Porque, si amando te vas, 

como yo amando me fui, 

una noche volverás 

cual yo una noche volví; 

y al renegar de tu idea, 

al abandonar el culto, 

serás, ¡ como yo !, en la aldea 

el que, de insulto en insulto, 

sólo con su cruz pasea. (Transición.) 

Esa es mi historia, Gaspar; 

que empezó como la tuya 

cuando pretendí cambiar 

la tierra por el altar; 

la manta, por la casulla. 

Mira bien lo que haces hoy, 

después de haberme escuchado. (Muy con- 

mozHda.) 

¡Y ver que llorando estoy 
al decirte por qué soy 

en la aldea el "Renegado"! (Uftas lágrimas, 
en efecto, han asomado a sus ojos. Casi a pu- 
ñetazos se las seca, mientras, con no menot 
emoción, responde.) 

Esa historia conocía 
de antiguo; pero saber 
de sus labios la agonía 
que sufre, desde aquel día, 
me ha llegado a conmover. 
¿Lo has pensado? 

¡Lo pensé! 
¿Estás de acuerdo? 

¡ Lo citojr! 



— 32 — 



SEBAS. 

GASPAR 

SEBAS. 

GASPAR 



SEBAS. 

GASPAR 

SEBAS. 



TINA 



MADO 



TTNA 
MADO 

TINA 



¿Sabes que es duro? 

i Lo sé ! 
(Esperanzado.) 
Entonces, ¿qué? 
(Firme.) 

¡Que me voy! 
Su desventura, tan negra, 
no es la mía. No hay mujer 
en mi vida; no me alegra 
ni me entristece un querer. 
(Sin poderse contener.) 
¡ Mientes ! 
(Dolido.) 

¡ Padrino ! 
(Dominándose.) 

I Perdón, 
si te ofendí!... ¡Tú sabrás! 
Si al Seminario te vas, 
i Dios te tenga compasión ! (Le echa un brazo 
por el hombro y hacen mutis los dos por la 
casa de la izquierda. Tina, nerviosísima, sale 
de la casa de la derecha. Se abanica^ pasea, se 
sienta en un sillón para en seguida levantar- 
se. En resumen, que no sabe ni lo que hace. 
Mado sale por el mismo sitio con intención 
de calmarla.) 

(Al ver a Mado.) ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No 
me digas nada ! ¡ Estoy cansada de reflexio- 
nes, de consejos, de palabras ! ¡ No me digas 
nada! 

(Ante la rociada, permanece impasible.) ¡ Ay, 
bueno, ihija! ¡Allá tú! (Se sienta muy tran- 
quila.) Pero yo ahí dentro no vuelvo; me- 
nudos están ésos. 

¡ Sin razón ! No me negarás, que sin razón. 
Mira, Tina : creo que lo más prudente es que 
me calle. * 

¡Quiá! ¡ Habla ! ¡ Habla ! ¡ Pues no faltaría 
más I j Habla ! 



33 



MADO 



TINA 

MADO 
TINA 



MADO 

TINA 

MADO 

TINA 

MADO 
TINA 



MADO 
TINA 



MADO 

TINA 

MADO 

TINA 



¿Ah, sí? ¡Pues oído al altavoz! Si a mi Die- 
go, con lo requeíebueiiísimo que es, le digo la 
mitad de las cosas que íú le acabas de decir 
a Carlos, hace diez minutos que todos los 
vecinos de Sotillo están dedicados a la busca 
y captura de mis narices. 
¡Diego, sí es posible que sea capaz de éso; 
pero Carlos, no ! 
¡ Afortunadamente ! 

¿Tú crees? Pues yo, Mado, estoy lo que se 
dice harta hasta la coronilla de señorío, de co- 
rrección, de cortesía. Yo necesito un hombre 
violento, impulsivo, que grite, se desespere y, 
si es posible, que me pegue... 
¿ Que te pegue ? 

(Como una iluminada.) ¡ Sí ! ¡ Que me peg^e ! 
¡Vamos, quita! ¡Lo que tú necesitas es un 
loquero ! 

Y, en Sotillo mismo, he encontrado el hombre 
ideal... 

¿Algún boxeador? 

Juanón "el Cerrojo". ¡El mozo más bruto 
del lugar! Figúrate si será bruto, que cuando 
va a vendimiar, se lleva uvas de merienda, 
¡ Pues es una ganga ! 

Ha tenido relaciones solamente con dos mu- 
chachas del pueblo. A una, la perniquebró 
porque un día la vio hablando con el médico, 
y a la otra, la tuvo a la muerte de un puñe- 
tazo que la dio por llevar un vestido sin 
mangas. ¡ Es un Ótelo ! 
¡Es un salvaje! 

Desd€ entonces, no hay moza, de veinte le- 
guas al contorno, que quiera ser su novia. 
i Naturalmente ! 

Yo me he insinuado con él, no te creas. Pero 
es tan ignorante, que no entiende de insi- 
nuaciones. Es'oy viendo que se lo voy a te- 
ner que decir a las claras. 

3 



— 34 



MADO {Levantándose de un salto, sorprendida.) 

I Tina ! 

7JNA (Muy en ello. Muy nafural) ¡Y que se lo 

digo, Mado ! ¡ No te quepa la menor duda de 
que se lo digo! 

MADO ¡Allá tú! Pero creo que, en lugar de vera- 

near en Sotillo, Carlos te debía de haber lle- 
vado a Leganés. 

TINA {Mirando por el foro derecha.) ¡ Calla ! ¡ Ahí 

viene! (Volviéndose a su amiga.) Por fa- 
vor, déjame sola. ¡Corre! 

MADO Voy, mujer, voy. (Marca el mutis.) ¡Ah! "Y 

si pides socorro, no hace falta que grites mu- 
cho ; que ya estaré al cuidado. (Mutis de- 
recha.) 

71NA (Observando como antes.) Ya está aquí... 

¡ Ay qué tipazo de hombre ! ¡ Me tiene sin 
sueño!... (Fa hacia una de las butacas y se 
sienta.) Disimularé. (Crw^ro una pierna sobre 
la otra.) ¡Así! No. Un poquito más. (Se le- 
vanta la falda hasta la rodilla.) Eso es. \ A 
ver si hoy se decide ! (Apoya la cara en la 
Palma de la mano y simula dormitar. Por 
donde se indicó llega Juan "el Cerrojo" 
mozo de unos treinta años, cuya cara y p& 
tambre, ademanes y voz justifican todo lo 
que Tina ha dicho de él, ¡y más! Es el ver- 
dadero y legítimo cafre en libertad.) 

JUAN {Al ver a la joven.) ¡Sola! ¡Y dormida! ¡Y 

con la falda a la altura del escote ! ¡ ¡ Y con 
el escote a la altura de la falda ! ! ¡ Ay, si no 
fuese una señorita 'can señorita, ya la diría 
yo cuatro cosas, ya ! (La mira detenidamente 
y, al fin, lanza un suspiro, da media vuelta 
y marca el mutis por la izquierda, último 
término.) ¡ Ay, bueno, Juan ; que esto no es 
pa tú ! 

1 INA (Mirando de reojo, alarmadís^má. , Aparte>) 



— 35 — 

¡Que se va! (Finge despertar.) ¿Eh?... 
¿Quién?... ¡Ah! ¿Eres tú, Juanón? 
{Azorado.) El mesmo, señorita. Yo, que iba... 
Yo, que venía... Yo, que... ¡Yo, que me he 
hecho un lío! {Queriendo marcharse), Bue- 
no, y no canso más ; ¡ con licencia ! {Marca el 
mutis.) 

{Coquetísima.) Adiós, hombre. Si tanta pri- 
sa tienes, si no te gusta hablar conmigo, 
adiós. 

¿Que no me gusta?... Si usté hubiera nació 
en Sotillo y no tuviese tanto negro en los 
ojos y tanto dhorizo en los morros, ¡ya ve- 
ría, ya vería ! 
{Más coqueta que nunca.) ¡Ya vería! ¿Qué? 

MÚSICA 

Número 3 



Si yo fuera una moza. 

¿Qué quiere usted decir? 

Si fuéramos iguales. 

No me haga usted reír. 

Si en vez de señorita 

yo fuera una aldeana. 

Pues, ¡ vaya una ocurrencia ! 

La estoy viendo venir; 

si usted fuese mi novia. 

¡Ay! Sigue así, Juanón. 

Si yo la cortejara. 

¡ Me muero de ilusión ! 

Yo la pisoteara si me enfadase im día; 

porque yo mi cariño 

demuestro con patas. 

¡Ay! ¡Qué brutal! 

La convencí. 

Es mi ideal un hombre así. 

Si me picga, yo no he de pedir socorro. 



36 



Juanito, Juanito, Juanito; 

me tienes loquita y siento que por tu cariño 

mi pecho palpita ; 

repite, por Dios 

te lo pido, 

tu plan de castigo. 
JUAN Primero, un agarrón ; 

después, cien bofetás, 
. y ya pa rematar 

quince bocáos 

y dies patas. 
TINA ¡Qué felicidad! 

JUAN ¡ Soy un animal ! 

TINA Pues hazte ya la idea. 

JUAN Me estoy viendo sudar. 

TINA Que yo soy lugareña. 

JUAN A punto de estallar. 

TINA Tú puedes darte cuenta 

que ya soy novia tuya. 
JUAN Pero si es que no tiene ni media bofetá; 

usted me da respeto. 
TINA ¡ Tú eres un cobardón ! 

JUAN Como me lo repita 

le doy el gran morrón. 
TINA Me quedo sin la torta. 

JUAN No sé cómo me aguanto. 

TINA Creí que eras un bruto, 

y eres un infeliz, 
JUAN No aguanto más. 

TINA ¡Qué cobardón! 

Si me pega 

yo no he de pedir socorro. 

Juanito, Juanito, Juanito ; 

me tienes loquita y siento que por tu cariño 

mi pecho palpita; 

repite, por Dios 

te lo pido, 

tu plan de castigo . 
JUAN Primero, un agarrón ; 



— 37 — 

después, cien -bofetá», 
y ya pa rematar 
quince bocáos 
y dies patas. 
¡Qué felicidad; 
j Soy un animal ! 

HABLADO 



i Vamos, Juanón ; que en Sotillo no tienes 
fama de tímido ! 

Es que aquí, en el pueblo, es otra cosa... Con 
cuatro gritos a tiemp;0 y dos manguzás bien 
das, ¿a ver qué mujer te se resiste? Pero, 
pa tratar al señorío hace falta otro tacto. 
No lo creas, Juanoncete. 
i Amos, señorita Tina, qué me va usté a con- 
tar! Yo seré "cerrojo", pero no tanto. 
Oye, y ahora que hablas del apodo; eso de 
cerrojo, ¿te lo pusieron por... por lo... va- 
mos, por... 

(Riéndose.) Por lo requetebrutísimo que soy ; 
dígalo sin temor, que a mí no me ofende. 
Pues no, señorita. Ya sé que a tos los foras- 
teros les sucede igual. Ven que me llaman 
"Cerrojo". Ven que soy mu bestia, mejo- 
rando lo presente, y se dicen, digo : ¡ Ya está ! 
Y se equivocan. 
Entonces, ¿ese remoquete? 
Es herencia de mi padre. Como recuerdos 
suyos me dejó el mote y un lunar, mesrao 
como dos pesetas en... en... ¡bueno, vamos 
a hablar na más que del mote! 
Como quieras. ¿De modo que tu padre era 
de un carácter igual al tuyo? 
Al contrario. Un sabio. Un lumbrera. Misté 
como sería de listo, que la mita de los días no 
se movía de la cama, porque decía que no 
vale la pena de vestirse al levantarse pa te- 



38 



ner que volver a desnudarse al acostarse. 
Por eso le llamaban " el Cerrojo": porque 
casi siempre estaba echao. ¡Vaya cencía! 

TINA Comprendido, sí. Bueno, y tú, ¿cómo es 

que no fuiste a vendimiar con todos? 

JUAN ¡Porque no me dejan! El año pasao, de cá 

tirón pa llevarme un racimo^ arrancaba la 
cepa, y dicen que es que no entiendo de ven- 
dimiar. ¡Envidias y ná más que invidías! 

TINA Menos mal que aprovecharás el descanso 

para charlar con tu novia, 

JUAN ¡Sí, sí! ¡Si yo no tengo novia! 

T^NA ¿Con las mozas tan guapas que hay en So- 

tillo? 

JUAN La verdá, es la verdá; ¡sí que son guapas! 

I Pero mu delicaduchas toas ! ¡ Paecen de al- ' 
feñique ! ¡ Ninguna tié una mala gofetá ! 

TTNA Hombre, alguna habrá. 

■JUAN (Convencidísimo.) ¡Ninguna! ¡Si lo sabré 

yo! Misté, señorita, dos novias he tenío: la 
Romualda y la Paca. ¡ Pus pa veinte días de 
Hespital ha tenía cá una ! Después de ésas, 
le hablé a la Petra; pero lo de aquélla sólo 
fué un tonteo. ¡ Se pudo curar en su casa 
y tó! 

TINA (Encantada. Loca por él.) ¡ Así deben ser los 

hombres! ¡Mano dura, Juanón, que las mu- 
jeres somos muy malas ! 

JUAN No toas, señorita. Usté, sin ir más lejos... 

TINA ¡Yo! ¿Qué? 

JUAN (Sin atreverse.) i'N i]... 

TINA Habla sin miedo, hombre. Vamos a ver; ¿si 

yo fuese tu novia querías decir, verdad?... 
Bueno... ¿Qué harías conmigo en ese caso? 

JUAN j No me haga usted hablar ! ¡ No me haga us- i 

ted hablar, que vo soy muy bruto, señorita 
Tina! 

TTNA ¿Quieres que te ayude?... Si yo fuese tu, 

novia y te jugase una mala pasada, entonces 



— 39 — 

tú... (Temblando de emoción.) ¡Tú me da- 
rías un puñetazo aquí... (Señalando un ojo), 
que no necesitaría "rímel" en dos semanas. 
¿Es éso? 

JUAN ¡Qué va a ser! A una mujer de mi igual, 

como la Petra o la Romualda, me hace la 
menor cosa y no hay árnica bastante en So- 
tillo pa la cura de urgencia, Pero, usté... 
¡Si usté fuese mi novia, y usté disimule, ya 
me podía usté hacer tó lo que quisiera y 
quedarse bien tranquila, ya... 

TINA (Extrañada y casi con desilusión.) Sin em- 

ísargo, hay casos en que... 

JUAN ¡ Ni casos, ni cosas ! ¡ Atreverse a ponerle la 

mano encima a una mujer como usté, tan se- 
ñorita!... ¡Al que lo haga, que me lo dejen 
de mi cuenta, ná más ; sólo diez minutos y se 
luce ! 

(Decepcionada.) Entonces, tú a mí no serías 
capaz.., 

¡Sería capaz de tó!... 
(Alegre.) ¿Sí? 

De tó lo que usté quisiera... De humillarme, 
de resignarme, de pudrirme por dentro...; 
¡ Pero jamás sería capaz de rózala el pelo de 
la ropa ! ¡ Palabra de "Cerrojo" ! 
i Vaya con Juanón y qué caballeresco me ha 
resultado a última hora! 
¡Que hay que ponerse a tono con quien se 
está y ná más! ¡Mi padre!... 
(Nerviosísima.) ¡Sí! ¡El inteligentísimo de 
tu padre! 

Ese mesmo. Pus mi padre siempre decía que 
pa hablar con las presonas hay que ponerse 
a su nivel. Y en cuanto iba a visitar a un 
enfermo, se acostaba a su láo pa hablarle. 
¡Vaya cencía! 

TINA (Cada vez mes nerviosa.) ¡Casi tanta como 

el "Cerrojo" de su hijo, sí!... (Llamando 



m TINA 

[UAN 
TINA 
JUAN 



ij TINA 
JUAN 
TINA 
JUAN 



40 — 



MADO 
TINA 

MADO 
JUAN 



SEBAS. 
JUAN 
SEBAS. 
JUAN 

SEBAS. 



JUAN 

SEBAS. 
JUAN 



por la casa de la derecha.) \ Mado ! ¡ Mado ! 
(Saliendo instantáneamente, como si estuvie- 
ra esperando detrás de la puerta.) ¿Te ha 
'hecho mucho daño? 

¿Quién? ¿Ese?... ¡Ni un triste puntapié! 
Mado... (Acongojadísima.) ¡Soy muy des- 
graciada, muy desgraciada! (Secándose los 
ojos hace mutis por la casa.) 
(Siguiéndola.) No pierdas las esperanzas, 
mujer. ¡A lo mejor, otro día te patea la 
cabeza ! (Mutis.) 

(Que se quedó asomhradísimo ante las lágri- 
mas y la partida, se va a la puerta de la casa 
y las pita.) ¡Vayan ustedes con Dios!... (Vol- 
viendo a escena.) \ Pus no la ha hecho poco 
efecto la cencía de mi padre!... (Se encoge 
de hombros y, asombrado e indiferente, va 
a ihacer mutis por el último término izquier- 
da, cuando Sebastián, que sale de la casa, le 
detiene con la voz.) 
(Llamando.) ¡Eh, tú, Juanón! 
(Volviéndose.) Mande us.é, tío Sebastián. 
¿Me huías? 

¿Cómo quié usté que le huyera, si no le ha- 
bía visto? 

Pues, aunque a ti te moleste, yo bendigo este 
encuentro. ¡ Necesito una verdá, Juanón ! 
¡Una verdá que tú puedes darme! 
¿Yo?... ¡A mí que me registren, tío Se- 
bastián ! 

¿Sab^s que marcha hoy el Gaspar? 
¿ Que si lo sé ? ¡ Lágrimas de a puño me cues- 
ta el verlo ir! Toa la vía juntos desd"e crios. 
¡La de peñascazos que nos tenemos daos! 
[Muy connwvid.o.) ¿Usted no le vio nunca al 
Gaspar una cicatriz que tié aquí? (Señalando 
la cabeza) mesmo, como un membrillo, aun- 
que sea mala comparanza, que sí que lo es... 
(A punto de llorar.) ¡Pues ésa... ésa se la 



41 



SEBAS. 

JUAN 

SEBAS. 

fUAN 



SEBAS. 
JUAN 

SEBAS. 



MOZO 2." 
MOZO I." 
SEBAS. 
MOZO i.° 

MOZO 2." 
SEBAS. 



MOZO i.° 
SEBAS. 



hice yo en una pedrea! ¿Cómo quié usté 
se olviden estos cariños tan antiguos? 
También te corresponde él, Juanón. ¡Lás- 
tima que una amistad tan grande no pueda 
convencerle de... 

¡Cualquiera es el guapo que le hace quedar- 
se! No quiero yo más que tropezarme con 
la... (Se da cuenta de que está a pique de 
decir lo que no debe y se calla en seco.) 
(Apremiante.) ¡ Sigue ! Con la muier que es 
culpable de todo, ¡ibas a decir! ¿No es eso? 
¿Tú la conoces? 

¡Anda, pus si yo la conociera! ¡Trabajo pa 
un mes tenían los médicos de la ciudad ! Pa 
mí que es... Vamos, creo yo... Claro que se 
trata de un suponer... 
¡ Acaba I 

Pus que debe ser una casa... ¡Ea, ya lo 
solté!... (Respira satisfecho.) 
¿Una casada? Pero, ¿quién, quién? 
(Por la izquierda, MozOs i.° y 2.° que se di- 
rigen a la casa de Sebastián.) 
¡ Buenas, tío Sebastián ! 
Y la compañía... (Van a hacer mutis.) 
¿A despedir a Gaspar? 
Por la última vez; mozo como nosotros, se 
va hoy; padre de almas volverá pronto. 
Pena da pensarlo. 

¿Verdad que sí?... ¡El cielo castigue a la 
mala mujer que arruinó su vida para 
siempre ! 

¿Quién le dijo a usté? 
Mi corazón, primero. ¡Ese no me engaña 
nunca, mozo! Luego, el pueblo entero: el Fi- 
del, Juanón, tú mismo, que el alma se te 
salía por la boca al preguntarme : ¿ quién le 
dijo? (Los tres mozos bajan la cabeza entris- 
tecidos.) Sotillo entero me dice que hay una 



42 — 



MOZO 2.- 
MOZO 1," 
JUAN 



SEBAS. 



MOZO I." 



SEBAS. 

MOZO I. 
SEBAS. 



MOZO 2.° 
SEBAS. 



MOZO I." 
SEBAS. 



mujer, una que tiene la culpa de ésto. Pero 
nadie quiere pronunciar su nombre. 
Si es que no se sabe... 
Pué que algún día... 

Yo no tendría ni que decírselo, tío Sebas- 
tian ; la primera mujer que viera usté con un 
ojo morao sin ser mi novia, ésa era. 
(Obsenmndo, con ansiedad, los rostros de 
uno y otro.) ¿De verdad que sois (ignoran- 
tes? {Al Mozo i.° cogiéndole de los hom- 
bros.) j No ! ¡ Tú la sabes ! Tú tienes que sa- 
berlo; el Gaspar no tuvo secretos para ti. 
¡Por tu madre, mozo! ¿Quieres que te lo 
pida de rodillas? (Va a arrodillarse.) 
{Evitándolo.) ¡Tío Sebastián! {Transición.) 
¿Qué quié que le diga? A mí se me paece 
que es cosa tan del Gaspar tan reserva, que 
usté no debía meterse... 
¡Canastos! ¿Y quién, si no yo, debe sa- 
ber?... 

Es que usté no pué hacer ná pa remediarlo. 
Tú sí lo sabes ; di el nombre. ¡ Lo demás dé- 
jalo a mi cuenta, galán! ¿Es moza o tiene 
marido, como cree el Juanón? Si es casada, 
paciencia; pero si no hay lazo que la escla- 
vice, si es sólo que no quiere emparentar 
con "el Renegado"... 
¡Tío Sebastián! 

Si es eso... ¡Que sólo eso puede ser! De 
rodillas iré a suplicarla que no haga pagar al 
inocente unas culpas... ¡Unas culpas que 
tampoco son mías, pero que yo sólo llevo a 
cuestas! {Se excita. En breve pausa, vuelve 
a la calma y a la carga con el Mozo j.°) 
Dime..., dime... 

{Decidiéndose.) Ni soltera..., ni casa..., m 
viuda... 

¡Habla con tino, mozo, que no estoy para 
bromas!... 



43 



MOZO i." ¡Lo que usted oye; me creo que debe ser 
moza que -no sabe, hoy por hoy, cuál es su 
situación ! Y que si el Gaspar va a enterrar- 
se pa siempre por ella, j entavía más enterra 
se quea ella aquí, en Sotiílo, ata con cade- 
nas más fuertes que la separan de tos en el 
pueblo y que han de... (Transición.) ¡Bue- 
no! Eso es lo que yo supongo, tío Sebastián. 
¡Vaya usted a saber si me equivoco... 

SEBAS. , Sí, sí; pero concluye. Te has quedado mudo 
en lo mejor. Sigue, sigue; que no te he en- 
tendido bien... O puede que te haya enten- 
dido demasiado. 

MOZO 2° Yo creo que... 

SEBAS. (Enérgico.) ¡Tú a callar!... (Al M020 1°) 
No es leal decir la verdad a medias. 

MOZO I." Lo único que sé..., que supongo... (Ufki- pau- 
sa.) ¿Podemos pasar a despedirnos del Gas- 
par? 

SEBAS. (Sumido en sus pensamientos..) Pasar, sí ; ahí 
le tenéis... 

MOZO 2." Pus con licencia!. (Entra con el Mozo i." 
en la casu.) 

SEBAS. (A Juan, deteniéndole del brazo cuando va 

a seguirles.) Juanón, aquí sólo sois capaces 
de decirme la verdad el **tío Mentiras", por 
la desvergüenza; tú, por lo bruto... 

JUAN Pues, misté, búsquele a él que yo me tengo 

mu bien aprendía una máxima del sabio de 
mi padre, que decía, dice, digo : "Antes que 
meterte en bronca, túmbate en la cama y 
ronca". ¡ Vaya cencía ! (Se soltó y hace mu- 
tis.) 

SEBAS. (Cada vez más preocupado.) Ni soltera, ni 
casada, ni viuda... Con cadenas muy fuertes 
que la separan de todos... (Una idea le asal- 
ta y lucha contra ella.) ¡No!... ¡No puede 
ser!... ¿Por qué había de ser?... (Sale de 
la casa Aurora.) ¡Aurora! ¿Adonde vas? 



— 44 — 



AURORA 
SFBAS. 



AURORA 

SEBAS. 

AURORA 

SEBAS. 



AURORA 
SEBAS. 



CARLOS 

AURORA 

CARLOS 



AURORA 
CARLOS 



AURORA 



CARLOS 



A casa de la Magdalena. Quisiera que el 
Gaspar se llevara unos roscos pa el viaje. 
Buena idea... {Ella marca el mutis por úl- 
timo término derecha.) Espera, criatura... 
{Acercádose.) ¿Te apena la marcha de Gas- 
par? 

{A punto de llorar.) ¡Padrino! 
¡ Vaya, vaya ! Sin lagrimitas. Aún no se fué. 
mujer; todavía puedo yo convencerle. 
(Radiante.) ¡Si lo consiguiera!... 
¿Por qué no, Aurora? Tus lágrimas y mis 
palabras aún son capaces de... Sobre todo 
tus lágrimas... {La mira, entre conmovido y 
furioso.) ¡Ea! Voy adentro, 
i Suerte, padrino ! 

(Sarcástico.) ¿Suerte yo?... ¿"El Renegado"? 
¡Gracias, nena! ¡Muchas gracias!... {Mutis 
por la ca^a de la izquierda.) 
(Desde la puerta de su casa.) 
¿ Dónde va la buena moza ? 
(Deteniéndose turbada.) 
¡Señorito!... 
(Avanzando.) 

¿De ajetreo? 
¿Preparando el equipaje 
para el cura? 

¡ Sin sosiego ! 
(Señalando uno de los sillones.) 
Pues, siéntate aquí y descansa, 
aunque sólo sea un momento. 
Imposible. Es ya muy tarde; 
el Sebastián está dentro; 
me esperan, y tardará 
muy poco el coche-correo. 
Con permiso. 
(Va a irse.) 
(Burlón.) 
I El Sebastián ! 



45 — 



Tiene ese hombre mucho genio. 
¡ Será celoso ! 

AURORA. ¿De quién 

me podría pedir celos? 
Nadie me ronda, ni nadie 
pretendió en la vida hacerlo, 
porque se sabe de siempre 
q4ie él y yo nos casaremos. 

CARLOS ¡ Os casaréis ! Y lo dices 

temblando toda por dentro. 
Lo dices, y se te hielan... 
los labios, sin tú saberlo; 
lo dices, y se te nublan 
los ojos, sin comprenderlo; 
lo dices, y tus mejillas 
como la cera se han puesto. 
Que eres moza y eres guapa, 
y el Sebastián es un viejo, 
y es su corazón de nieve, 
mientras el tuyo es de fuego, 
y sabes que, si en ía aldea, 
le temen, yo no le temo ; 
y que a mi lado, en Madrid, 
como mereces, viviendo, 
serías mi solo amor. 
Y tú sabes todo esto, 
y sé que dieras la vida 
por quitarme este tormento, 
de ver que aquí estoy por ti 
y que ganarte no puedo. 

AURORA El señorito no debe 
equivocar el sendero. 
¡ Vayase por su camino ! 

CARLOS ¡Pero conmigo te llevo, 

que me lo has de agradecer 
un día, Aurora ! 

AURORA (Intentando irse.) 

No debo 
seguir aquí. Ya le dije, 



— 46 — 



CARLOS 

AURORA 

CARLOS 

GASPAR 



AURORA 
CARLOS 

GASPAR 



CARLOS 
AURORA 
GASPAR 



CARLOS 
GASPAR 



señor, que me apremia el tiempo; 
déjeme pasar... 
{Cerrándola el camino.) 

No pasas. 
¿Por qué? 

Porque yo no quiero... 
{Saliendo de su casa. Viste traje negro, con 
cuello blando y corbata negra.) 
¡ Pero yo, sí ! - . 

¿Tú? 
{Despectivo.) 

jEl curita! 
El cura, sí. {A Aurora.) Tú, anda adentro; 
don Carlos y yo es forzoso 
que, a solas, un rato hablemos. 
¡Cuando quieras! 

¡No me voy! 
{Empujándola.) 
Vete. Que yo te prometo 
que no pasa nada, Aurora. 
¡Y cuida no salga el viejo! 
(Aurora hace mutis.) 
Ya se fué. ¿Qué quiere el cura? 
¿Reñir? 
{Dominándose.) 

No. ¡Darle un consejo? 



MÚSICA 

Número 4 

CARLOS Yo no soy hombre, muchacho, 
para aceptar un consejo, 
ni tienes tú por qué darlos, 
que es cosa propia de un viejo. 
A tu extraño arrebato 
contestarte no quiero. 
Déjame andar en paz, 
que no tienes que ser 
el que me cambiará. 



— 47 — 



GASPAR 



CARLOS 
GASPAR 
CARLOS 
GASPAR 

CARLOS 



GASPAR 
CARLOS 
GASPAR 

CARXOS 
GASPAR 

CARLOS 

GASPAR 



Aunque yo sea un muchacho, 

escuche usted mi consejo, 

que en lugar de rechazarlo 

más debiera agradecerlo. 

Si a la Aurora ha buscado, 

si va a darla cortejo, 

mire bien, que ella no es la flor 

que ha de arrancar. 

¿Quién me lo impide? 

¿Quién? ¡Yo: Gaspar! 

Entonces llevo las de ganar. 

Si quiere, pruebe; acaso 

burle su deseo. 

No lo creo... No... 

Esa mujer que rondo yo 

entre mis brazos ha de estar. 

Y cuando, al fin, su talle 

aprese con la fuerza de mi amor^ 

mi boca se unirá 

contra su fresca boca 

en flor. 

¡ Cállate ! ¡ Ya me falta paciencia ! 

Tú lo verás si digo verdad. 

Ella es igual que un ángel 

del cielo. 

Entre mis brazos se verá. 

Antes morir que tal 

consentir. 

Disponte entonces 

a no vivir. 

Es que Aurora... 

Es mujer cuya pureza 

inmaculada nadie manchó. 

Mujer para cuidarla, 

para no perderla. 

Es mujer para adorarla. 

Es mujer para quererla. 

Es mujer para mirarla 

como se ve a una virg^en en un altar. 



— 48 — 

Tú no has de ser 

quien la mancille. 

Antes matar que tu acción ver. 

Si eso has de hacer 

yo la he de vengar. 

No es mujer para burlada. 

No es mujer para ofenderla. 

No es mujer para arrojarla 

como se arroja al suelo 

mustia flor. 

No es .el amor el que te 

inspira. Te he de matar 

si la has de engañar. 
CARLOS Esa mujer que rondo yo... 
GASPAR Tú no la has de burlar. 
CARLOS Ha de ser mía sin dudar, 

y yo te juro que no hay 

fuerza que me pueda, ciego, detener 

cuando mis labios 

van sedientos y en los suyos 

sueñan beber. 

Esa mujer que rondo yo 

entre mis brazos ha de estar, 

y cuando, al fin, su talle 

aprese con la fuerza de mi amor, 

mi boca se unirá 

contra su boca en flor. 

HABLADO 



CARLOS (Burlón.) 

¡Bravo está el mozo! 

GASPAR ¿Bravura? 

Te equivocas; es que quiero 
hacerte saber, que el lobo 
si baja del monte al pueblo 
halla siempre en su camino 
quien k defienda al cordero, 
con las.. uñas, v los dientes, 



49 — 



CARLOS 
GASPAR 



CARLOS 
GASPAR 



CARLOS 



MENT. 
MAYO. 



GASPAR 

MAYO. 

I 

GASPAR 

IMENT. 



y el corazón... 

{Despeciivü.) 
Lo sé: el perro. 

{Iracundo) ^ 

¿El perro? 

{Conteniéndose.) \ Sí ; dices bien ! 

El perro, que es noble y bueno, 

y generoso y humilde, 

no cobarde y traicionero, 

y solapado y astuto 

como el lobo carnicero. 

¡ Si me diesen a elegir, 

primero que lobo, peiTO ! 

{Queriendo concluir.) 

¿ En resumen ? 

¡Lo que dije: 

que aunque me voy, queda el viejo 

y el Sebastián, que es un hombre 

que tiene duro el pellejo ! 

¡No lo olvides! 

No lo olvido. 
¡Puedes estas satisfecho! 
{Por el foro derecha, con el TÍO MENTI- 
RAS, EL MAYORAL del coche correo. 
Edad indefinida, mal afeitado, camisa de 
color paja, pantalón de pana marrón atado 
con cuerdas por debajo de las rodillas, boina 
negra, el látigo pendiente del cuello.) 
¡Eh, tú, Gaspar! Mia que está aquí ya éste. 
Espabila, galán, que se nos va a hacer no- 
dhe antes de subir al puerto y aquello es 
mu pino... 

Todo lo tengo listo. Es cuestión de un mo- 
mento. ¿Vamos? 

¡A ver si me hundes el techo de la diligen- 
cia con tu equipaje, párroco! 
{En el mutis por su casa.) ¡No hay peligro f 
{Que se queda en escena, al Mayoral, que 
se va tras el muchacho.) ¡Claro, como que 



50 — 



las indulgencias ni ocupan lugar, ni pesan. 
(A Carlos que permanece con ceño hosco.) 
Y íú, ¿qué? ¿Es que te han dao cañazo? 

CARLOS (Volviéndole la espalda de nuil humor y ha- 
ciendo mutis rápido por su casa.) ¡Te im- 
portará muchoj carcamal! 

MENT. ¡ Pero qué bien educao está el señorito de 

Madrid!... 

SEBAS. (Saliendo por la izquierda.) ¿Por qué no 
entras con todos^ Mentiras?... 

MENT. Porque sabía que tú vendrías a buscarme pa 

hablarme a solas. 

SEBAS. Es verdad eso, ¿cómo lo sabes? 

MENT. ¡Bah! Como me sé todo lo que en Sotillc 

se hace y se piensa. 

SEBAS. (Afisio sámente.) Entonces dime: la mujeí 
por la que mi sobrino... 

MENT. iSí! ¡Es ésa! 

SEBAS. {Canalla! ... 

MENT. ¡No! ¡Canalla, no, Sebastián! Se va poí 

no luchar^ por no vencer. ¿Qué más quie¡ 
que haga? .| 

SEBAS. Pero, yo... ^ 

MENT. ¿Tú?... ¡Tú, a lo tuyo, como siempre! Se 

ría gracioso que "el Renegao", después d( 
amasar una fortuna con el sudor y lágri 
mas de toos los desdichaos del pueblo fue 
se a ablandarse cuando se trata de su mis 
ma feliciá. El Gaspar se va dentro de ui 
menuto. Cuando vuelva, tú serás el amo d 
la niña; que el juró renunciar a too. 

SEBAS. Dices bien. ¡Y desgraciado de él sí no re 
nunciase! {Por las laterales del foro empie 
san a llegar MOZAS y MOZOS.) 

MENT. ¡ Cuidado ! ¡ Puen oirte ! ¡ Y to el mundo n< 

está preparao pa oír verdades ! 

MOZO i.° (Saliendo con Gaspar y Mozo 2.° de la cas< 
del seminarista.) Ahí le tiés, no te creas qU'^ 
se te escapó... 



1 




— 51 — 



GASPAR 
SEBAS. 
GASPAR 
SEBAS. 



AURORA 

GASPAR 

JUAN 

MENT. 
JUAN 



(Dirigiéndose al Sebastián.) ¡Tío!... 
(Rurdo.) ¿Qué te sucede? 
(Arrodillándose.) Su bendición.... 
(Muy^ conmovido poniéndole la mano en la 
cabeza. Todos los hombres se descubren y 
permanecen en silencio.) 
Que el cielo te bendiga. Que Dios te dé la 

[calma 
augusta que precisa tu sagrada misión, 
y que cuando a ti llegue en jirones un alma 
la muestres como ejemplo tu limpio corazón. 
Que nunca por pasiones camales, te destro- 

[ces; 
que sigas tu sendero sin que te rinda el mal ; 
que en tus horas de rezo no te turben los 
del amor, el deseo y el pecado mortal, [goces 
(Ha aparecido Aurora en la puerta de la 
ciasa. Sorprendida ante la escena, se de- 
tiene.) 

Que en tu pecho no encuentre morada el ene- 

[migo. 
Sé roca para el mal y cera para el bien. 
¡Y que Dios te bendiga como yo te bendigo 
en el fondo del alma del corazón! ¡Amén! 
(Los hombres se ponen sus sombreros y boi- 
nas. Sebastián estrecha en sus brazos a 
Gaspar.) 

(Avanzando.) Ya viene con tu equipaje, 
Gaspar. 

(Soltándose de los brazos de su tío.) Bien. 
Bien... 

(Saliendo de la casa.) ¡El demonio del ma- 
yoral ! ¡ Pus no se le había ocurrido que 'e 
llevase tu baúl hasta el coche! 
Pa eso eres el mozo más fuerte de Sotillo. 
Pero pa eso cobra él el viaje. A mí que no 
me vengan con coplas que el talentazo de 
mi padre, ya lo tenía dicho: "Nohag^ d 



52 



trabajo de otro, y si pues, el tuyo tampoco", j 

¡Vaya cencia! 
MAYO. (Saliendo con un baúl al ^hombro) ¡Ahí va! 

¡Que llevo prisa y voy mu cargao! {Todos 

le abren calle y desaparece por el foro de^-] 

recha.) 
GASPAR {Paseando su mirada por la escena.) ¡Pen- 
sar que mañana no veré todo esto! ¡Adiós, 

campo castellano! ¡Adiós, mis compañeros; 

de mis años mozos! 
MAYO. {Saliendo por el foro derecha.) 

¡Al coche, que se hace tarde! 

No pierdas tiempo, Gaspar. {A los demás.) 

¡Me llevo un pichón de cura! 

¡Os lo traeré cardenal! {En el mutis, a 

Gaspar.) 

¡Andando, tú!... 
17ASPAR (Estrechando las manos de unos, abrazando 

a otros.) 

Adiós a todos. {Al Mozo i.° que está ocul-\ 

tando las lágrimas.) 

¿Serás capaz de llorar? {Le abraza.) 

¡Animo! ¡No es para tanto! {A Juan.) 

Y tú, ¡no aprietes! {Abrazándole.) 
JUAN {Entre hipidos.) ¡Ya! ¡Ya! 

¡ Si es que estoy pa tener fuerzas ! 

¡Estoy más blando que un flan! 
GASPAR ¡Tío Mentiras! 
MENT. {Al abrazarle.) 

¡ Hasta luego ! 
GASPAR Se equivoca. 
MENT. ¡Lo verás! {Soltándole.) 
SEBAS. {Nervioso.) 

Anda, anda pronto, mudhacho. 
¡Te esperan! 
GASPAR {Marchando al foro.) 

Poco será... 
SEBAS. ¿A todos dijiste adiós? 



53 — 



L;rASPAR 

SEBAS. 



^ÍENT. 

EBAS. 

^URORA 
3ASPAR 

I 
I 

\ 

UENT. 

SEBAS. 

MENT. 



(Deteniéndose.) 
Creo que sí. 

(Con nerviosistno creciente.) 
¡No es verdad! ¿Y Aurora? Dila adiós, 
que en volver has de tardar. [hombre, 

(Aurora, oculta entre los mozos hasta ese 
momento, avanza. Ella y Gaspar se estre- 
chan las manos en silencio.) 
¡ Abrázala ! (Como hipnotizados, los jóvenes 
obedecen.) 

(Detrás de Sebastián, en voz baja, con mu- 
clm intención y muy mala.) 
¡Ya lo ves! 
¡Es ella! 

¡ Qué cortedad 
tan extraña! Dala un beso. 
¡Casi es tu hermana! 
(Abrazándole febrilmente.) 
¡ Gaspar ! 

¡Aurora! (Permanecen un instante estrecha- 
mente unidos sin saber lo que hacen, entre 
el asombro y el temor de todos los pre- 
sentes.) 
(Como antes.) 
Míralos bien. 

¿Son hermanos? ¿O serán?... 
(Loco, decidido a saltar al cuello del sobri- 
no.) 

¡Déjame hacer!... 

(Sujetándole al ver que los dos muchachos 
rompen el abrazo y Gaspar va haciendo mu- 
tis lento sin dejar de mirar a Aurora.) 
¿Qué te importa? 
¡ Si se marcha ! ¡Si se va ! 
(Ha ido Cayendo el telón muy lento.) 



FUERTE EN LA ORQUESTA V FIN DEL ACTO PRIMERO 



["^■■i-;fT «r-ll-iarBr-llTar-ir=r5'áFll-,B«r-ll-iBBr-ir=?ÍT;=1 l-iWf-l F;i 



ACTO SEGUNDO 



CUADRO PRIMERO 



Telón corto en las segundas cajas, representando la saia 
de visitas de un Seminario. Paredes de tonos severos, 
decorados al estilo del último tercio del siglo XIX. Un 
sofá y dos sillones al foro centro. Al foro derecha, un 
reclinatorio y sobre él un crucifijo igrmide. Al foro iz- 
quierda, amplia ventana con perspectiva de árboles, en 
los que se recortan la blanca línea de una carretera, tal 
'como se ve desde un segundo piso. En cada lateral una 
puerta. La de la derecha conduce a la calle; al interior 
de la Casa de religión, la izquierda. Es en las primeras 
horas de la tarde. Sol vivísimo en el forillo y gran cla- 
ridad en la escena. La ventana, cerrada. 

Cuando el telón se alza dos fámulos se con- 
sagran a la limpieza de la habitación. Son 
de edad indefinible, rostros enjutos y páli- 
dos, medias calvas y ese aire, inconfun- 
dible, de los criados seglares de estable- 
cimientos religiosos. Hablan, en tono leve, 
con voz gangosa, dejando resbalar las pa- 
labras lentamente, pero sin afeminamien- 
to ni afectación. ¡Cuidado! Visten panta- 
lón negro, zapatillas o alpargatas del mis- 
mo color y llevan grandes delantales gri- 
ses con peto. Uno de ellos, utiliza un plu- 
mero; el otro, pasa un paño por toda la 
madera de la sillería. 



— 55 — 



FAM. 1.° 
FAM. 2." 
FAM. I." 

FAM. 2." 

FAM. i.° 
FAM. 2.° 

FAM. 1.° 
FAM. 2." 
FAM. i.° 

FAM. 2° 

FAM. i.« 
FAM. 2.*» 



FAM. i.° 
FAM. 2.» 



FAM. i.° 
FAM. 2." 
FAM. I.» 



FAM. 2.° 
FAM. i.° 



Continúa la acción. 

No te esmeres tanto en la limpieza, que 
para lo que va a durar... 
Eso, sí. Tarde de jueves, lloverán las visi- 
tas para los que estudian en el Seminario, 
j Y que el tiempo convida a venir ! ¡ Aunque 
sólo sea por dar el paseíto hasta las afue- 
ras de la ciudad! 

Más de mayo que de noviembre parece el 
tiempo. 

Esta mañana casi hacía calor. 
¡Ya lo creo ! (Pausa breve. Con el plumero 
limpia el Cristo del foro derecha. 
Bien cuidas esa imagen. 
Dicen que es muy milagrosa. 
Pruebas bien claras de sus milagros lleva 
dadas, que a muchos seminaristas equivo- 
cados marcó su verdadero camino... 
¿A muchos?... {Acercándose en plan de con- 
fidencia.) Puede que no tarde en añadir uno 
más a su lista. 

¡ Buena noticia ! Gaspar, el de la beca de 
Sotillo, ¿no? 

El mismo. No baja a un recreo ni aprovecha 
un descanso. Apenas tiene un minuto libre, 
ya le tienes aquí arrodillado ante el cruci- 
fijo. 

Debe ser historia de amores la suya. 
A mí me dijeron — ¡Dios me perdone! — que 
se enamoró de la mujer de un hermano 
suyo... 

¡ Ave María Purísima, lo que inventan ! 
Eché por delante que era un decir... 
Ya, ya... Pero yo sé la verdad entera; lo 
que ocurre es que Gaspar tenía una novia 
muy guapa, desde chico, y ella le dejó para 
casarse con su padre... 
¿Con el padre de ella? 
¡ No, hombre ; con el padre de Gaspar ! 



56 



FAM. I. 



FAM. 2." 
FAM. 1° 



FAM. 2." i Qué tragedias tiene la vicia ! 

GASPAR (Por la izquierda. Viste de sotana y lleva 
hocete.) \ Buenas tardes ! 

FAM. 2° Buenas nos las dé Dios. 

GASPAP ¿Limpiaban la sala? 

FAM. i.° Ya hemos terminado... Nos retiramos. 

GASPAR {Dirigiéndose al reclinatorio. Se quitó el bo- 
nete y del bolsillo de la sotana saca un Bre- 
viario.) .Vayan, vayan. {Se arrodilla en el 
reclinatorio, se santigua y comienza sus re- 
zos.) 

{Mirándole. Al Fámulo 2.".) Fíjate, fíjate... 
Mientras los demás juegan en el jardín, él 
ahí clavado. 

{Con admiración.) ¡Es un santo! 
O, por lo menos, quiere serlo. ¡Y tal vez 
esto sea lo más importante! {Mutis de los 
dos por la derecha. Hay una pausa. Gaspar 
reza. De pronto, por la izquierda, se oye 
lina voz juvenil que llanm detitro.) 

ANT. ¡Gaspar!... {Breve pausa. Más cerca, repi- 

te.) ¡Gaspar! 

GASPAR {Se levanta, va a la izquierda y responde.) 
¡Aquí estoy. 
Antonio ! 

ANT. {Élitro por la izquierda. Es otro seminaris- 

ta, de la misma edad, con aire juvenil y con- 
tento.) 

Te ando bucando, 
desde que acabó la clase, 
por las celdas y los claustros. 
¿No quieres bajar con todos 
al recreo? 

GASPAR {Señalando el crucifijo.) 
¡ Estoy rezando ! 

ANT. ¡Siempre el rezo!... 

GASPAR El rezo siempre. 
ANT. Gaspar... Eres un hermano 

para mí. Entramos juntos 



— 57 — 



GASPAR 
ANT. 

GASPAR 
ANT. 



GASPAR 
ANT. 



GASPAR 
ANT. 



los dos, en el Seminario, 

y juntos, día por día, 

hemos los cursos pasado. 

Por eso quiero decirte 

qtie vives equivocado; 

que las penas no se vencen 

gimiendo, sino luchando. 

(Dolorido.) 

¿Y no lucho? 

¡Tal vez, sí! 

Pero las horas te pasas 

arrinconado. ¡Anda, hombre!; 

ven con nosotros... 

i Te afanas 
en vano ! 

Hoy hay partido 
de bolos, y tienes fama 
de ser maestro en el juego. 
Lo fui en Sotillo. Hoy, me cansan. 
Oye, Gaspar. ¿No te acuerdas 
de mi entrada en esta casa? 
¡Estuve la mar de días 
llorando ! 

¿Tú? 

¡ Sí ! ¿Te extraña ? 
Es que también yo he tenido 
lo que tú. Y, cosa bien rara, 
una imagen de la Virgen 
sobre mi lecho colgaba, 
y cada día iba yo 
confundiendo más la cara 
de la mujer que, aquí abajo, 
con desprecios me ultrajaba, 
y aquella mujer divina 
que, con sus manos, nos salva. 
Los ojos, que antes me hirieron, 
más azules se tornaban; 
la boca, que me mintió, 
más pura se me mostraba. 



— 58 — 



Y, poco a poco, tan juntas, 

tan iguales las miraba ; 

a la Virgen y a la moza 

llegué a verlas tan exactas, 

que hoy. al rezar a sus pies, 

nada a mi cariño falta, 

porque aquel amor pagano 
- se hizo divino en mi alma. 

Ya ves si sé de tus duelos 

y si conozco tus lágrimas, 

y ya ves si el Seminario 

borra las penas amargas. 
EL REC. {Por la izquierda. Sesenta años. Fuerte, 

enérgico, viril, simpático. Irradia optimis- 
mo. También lleva sotana y bonete.) 

¿Qué hablabais? 
ANT. (Quitándose el bonete al ver entrar a su su- 

perior.) 

Padre rector : 

Gaspar que nos hace falta 

para los bolos. No quiere 

venir. 
EL REC. (A Gaspar.) 

¿Y por qué? 
GASPAR (Indicando el Cristo.) 

Rezaba. 
ANT. (A Gaspar.) 

Es la hora del recreo... 
GASPAR ¡ Por eso recreo el alma ! 
ANT. (Al rector.) 

Mándele que me haga caso. 
EL REC. (A Antonio.) 

Te lo hará. Pero, tú. baja 

al jardín. Gaspar va luego; 

tengo que hablarle a mis anchas, 

y la ocasión se presenta 

como yo no la esperaba. (Antonio besa la 

mano que el rector le tiende y hace mutis 

por la izquierda. Cuando ya se fué, el rec- 



59 — 



tor se queda mirando a Gaspar, que perma- 
fiece inmóvil, con la vista baja. Mueve la 
cabeza el anciano, con cáre de contrariedad, 
y va¡ a sentarse en el sillón de la izquierda.) 
No te alejes, Gaspar. Hace unos días 
que advierto que me huyes, que me temes. 
¡Acércate!... {Gaspar da dos pasos cortos.) 
No; más. (Señalando el sofá.) 
Puedes sentarte. (Gaspar lo ;ha¡ce y queda 
con la cabeza baja y la vista fija en el suelo.) 
Mírame, cara a cara, frente a frente. (Obe- 
dece d muchacho, pero en sus ojos tiem- 
blan lágrimas.) 

¡Hola! ¿Tenemos lágrimas? ¡Muchacho!... 
¡Aquí no llora nadie! ¡Gesto alegre! 
¡ Animo firme ! j Aquí es cuartel de Cristo 
para la fuerza pura, santa y fuerte! 
¡Vamos, arriba el ánima, muchacho! 
i Con fortaleza y voluntad se vence ! 

GASPAR Así he de hacerlo, padre, i Lo prometo ! 

EL REC. (Se levanta, Gaspar le imita.) 

Bien está si lo cumples... Y, ahora, vente 
conmigo hacia el jardín; deja los rezos 
para sus horas. ¡ A jugar ! j Diviértete ! 
¡ Para librar el alma de fantasmas, 
que el cuerpo esté cansado es conveniente! 

GASPAR (Queriendo excusarse.) 
Si es que yo... 

EL REC. (Jovial.) 

¡ Nada, nada ! \ Lo que he dicho ! 
y si a tus compañeros no les quieres 
complacer, yo contigo he de jugarme 
un partido de bolos. ;Qué? ;Te atreves 
a despreciar mi invitación? 

GASPAR (Vencido por el cariño del anciano más que 
por el respeto y la obediencia.) 
¡Faltara otra cosa! 

EL REC. Pues, vamos. Y prevente 

para perder, que yo juego a los bolos 



— 60 



como un muchacho, i Habrás de verme! {Le 
coge, campechano, como un mozo, por el bra- 
zo y los dos hacen mutis por la izquierda. 
Hay\ un momento en que queda la escena so- 
la. Luego, a la derecha, suena, por dos veces, 
una campana, y casi seguidamente entra, por 
el mismo lateral, AURORA, JUAN y 
FÁMULO i.° Los dos pueblerinos vienen, 
desde Sotlllo, con regalos para el semina- 
rista; todos los cuales acarrea el mocetón 
en unas alforjas que lleva al hombro iz- 
quierdo y dos cestas enormes, tapadas con 
harpillera, que le cuelgan una de cada brazo. 
La muc\Jiacha sólo trae una enorme brazada 
de flores silvestres y hierbas aromáticas cam- 
pestres.) 

FAM. 1° (Precediéndoles.) Pasen por aquí. 

JUAN Sí, señor. ¡Como usté mande! 

FAM. i.° Y tengan la paciencia de esperar unos minu- 
tos, que voy a pasar aviso, hermanos. 

lUAN ¡Oiga, oiga! Ná de hermanos. ¿Eh? Que 

yo soy hijo único. 

FAM. i.° (Sonriente.) Todos somos hermanos en el 
Señor. 

JUAN (Sin salir de su asombro.) ¿Qué Señor? 

TFAM. i.° (Señalando el techo.) En el Señor de arriba. 

jUAN ¡Ah! Pero, ¿es que en el Seminario hay 

más vecinos? 

FAM. i.° (Comprendiendo que es inútil razonar a un 
alcornoque , decide cortar la conversación.^ 
Siéntese un momento. 

JUAN (Haciéndolo como si se desplomase.) ¡Por 

ahí debía usté haber empezao! Tronzao ve- 
nía. (Saltando en los muelles del sofá.) ¡ Ahí, 
va! ¡Y que son sillas con columpio y tó! 
¡Ensíllate, Aurora; ensíllale! 

AURORA (Al ver que el Fámulo i.° z-a hacia la puer- 
ta de la izquierda.) Si me hace usted el 
favor... 



- 61 — 



FAM. I.* 
AURORA 



FAM. i.° 

AURORA 
FAM. i.° 

AURORA 

JUAN 



ANT. 

JUAN 

ANT. 
JUAN 

ANT. 
JUAN 

ANT. 
JUAN 



ANT. 



Diga, Ihermana. 

Traía estas flores para la Milagrosa, que se 
venera en la capilla. Es costumbre que ten- 
go cada vez que venimos a visitar al primo, 
y aunque valen poco... 
La intención es lo que vale, hermana. ¿Quie- 
re que las lleve? 

Preferiría ser yo misma la que... 
Entonces, venga conmigo. Mientras usted 
reza, avisaré su llegada. 
¡Juanón, a ver lo que haces; que te quedas 
solo!... 

¿Qué quiés que haga, moza? A ver si te 
crees que me dejas en un cinematógrafo. 
{Mutis de Aurora, seguido del Fámulo i°, 
' por la izquierda.) Tamién la Aurora tié cá 
cosa... Y a ver lo que tengo yo, no se me 
haya perdió algo, (Repasa las cestas que tie- 
ne sobre el sofá a ambos lados.) Avellanas, 
nueces, castañas pilongas. ¡ Pa hacer boca ! 
¡Bueno! ¡ Pa deshacer boca!... ¡Hay que 
ver los regalitos del tío Sebastián! ¡En tó 
se le nota lo duro que es ! 
(Por la izquierda.) ¡Deo gratias! 
Da lo que quieras, que en el tomar no hay 
engaño. 

Usted perdone. ¿No está por aquí Gaspar? 
{Mira a todas partes, buscando cómicamen- 
te.) Que yo sepa, no. Pero, si te aguardas un 
poco, a lo mejor viene. 
¿Usted cree? 

Como que si no lo creyese, ya me había mar- 
chao, majete. {Se levanta.) 
Entonces, ¿es que?... 

¡ Que sí, hombre ; que sí ! i Que le estoy es- 
perando ! j A ver cómo te enteras ! Bueno, ¡ y 
pensar que a mí en el pueblo me llaman "el 
Cerrojo" ! 
¡Es usted de Sotillo! 



— 62 



JUAN 



ANT. 

JUAN 



ANT. 
JUAN 



ANT. 
]UAN 



ANT. 

JUAN 
ANT. 

JUAN 



ANT. 
JUAN 

ANT. 

JUAN 

ANT. 
JUAN 



¡Y como un heraiano pa el Gaspar! Pero 
como un hermano de verdad, ¿eh? No de 
los hermanos del vecino de encima. 
No le comprendo. 

¡Toma, si ya te decía que eres más negao 
que yo mesmo! Por algo decía el talentazo 
de mi padre aquéllo que dice, digo: "Como 
a todo hay quien te gane, tú no te muevas 
del catre." ¡Vaya cencía! 
¿Son para él todos esos regalos? 
¡ No, que van a ser pa tú, miá éste ! Esos 
y los que traigo aquí, (Por las alforjas.) 
¡que ya me van pesando! Alárgame una 
mano, anda... 

(Ayudándole a descargar.) ¡Vaya si pesa! 
Cuatro quesos de cabra y dos orzas de miel. 
¡ El postre de una semana pa el Seminario ! 
(Concluyó de descargar.) La verdá es que 
se queda uno tan ricamente cuando no hace 
ná... (Saca la pitiüera de la faja y la abre.) 
¿Quies fumar? 

(Con los ojos como platos, casi sin poder 
hablar de emoción.) ¿Qué es éso? 
Tabaco. 
¿ Tabaco ? 

Hombre, tanto como tabaco... ¡Ya sabes que 
los estanqueros son mu exageraos! Pero, en 
fin; ¿quiés uno?... ¿Sí o no? 
¿Usted sabe lo que ha dicho? 
¡Caray! ¿Es algo malo? ¡En ese caso!... (Sf 
dispone a guardarse la petaca.) 
(Impidiéndoselo vivamente.) ¡No! ¡Por fa- 
vor!... Traiga, traiga... 
(Dándole uno.) Pus, ¡ ahí va ! ¡ Pero ten cui- 
dao, que son casi tan fuertes como yo! (Va 
a guardarse otra vez la petaca) 
(Como antes.) ¡Oiga! Yo, claro..., yo sé 
que le parecerá que abuso,..; pero es que... 
¡Amos, sí!... Que quiés otro, ¿no? 



63 — 



ANT. 



JUAN 

ANT. 

JUAN 

ANT. 



JUAN 
ANT. 



LOS CIN. 

]UAN 



En el Seminario no nos dejan fumar. |Si 
viese los equilibrios que hay que hacer para 
conseguir un pitillo, y yo quería que usted 
me dejase invitar a fumar a unos compañe- 
ros... con su petaca... 
(Aparte.) ¡Caray, que fresco es el clérigo 
este ! (Alto.) ¡ Si no son muchos ! 
Cuatro o cinco... 
Bueno, hombre, i Hala con ellos \ 
¡Gracias!... (Abre la ventana del foro y 
hace señales por ella.) Ya me vieron. En se- 
guida suben... (Vu^elve al centro de la esce- 
na sin cerrar la ventana.) 
Que no tarden, no sea que venga alguien y 
quia fumar también, 

(A la puerta de la izquierda.) Aquí están. 
(Aparecen las caras pálidas y bobaliconas 
de cinco seminaristas.) ¡ Mirad lo que tengo 
aquí! (Muestra el pitillo.) 
(Como en éxtasis.) ¡¡¡Tabaco!!! 
(Mostrando_ la petaca.) Y aquí, todo el que 
queráis, clérigos; conque adentro y venga 
la charanga, que se ha abierto un estanco. 
(Entran los cinco seminaristas.) 



MÚSICA 



Número 5 

ANT. Pasad, pasad con pirecaución. 

SEMINA. No nos verá el rector; 

yo tengo un miedo atroz. 
ANT. Pasad, pasad sin dilación. 

SEMINA. ¡Ay, si nos ve el rector! 

hay que tener valor. 
JUAN Allá vosotros, que yo cimipH 

con los cigarros que os ofrecí. 
SEMINA. ¡Qué dicha inmensa con libertad 

el ihumo echar, que no es pécari 



64 — 



JUAN 


Tomad, tomad. 




TODOS 


No hay placer comparable 
al placer de fumar. 




JUAN 


Hay que chupar con fuerza 

y hay que tener cuidado 

que son de tagarnina, 

que yo me lo he picao, 

hay que aspirar 

con mucho aliento 

y así lograr que el humo 

llegue hasta el pulmón, 

y hay que saber lanzar el humo 

y no toser, 

que es poco digno de un varón. 




ANT. 


Aprovechad, que el tiempo 
vale un caudal. 




JUAN 


Por candela no os habéis 

de apurar, 

que traigo aquí 

yo un mecliero 

para poder encender. 




SEMINA. 


j Cielos, vaya un mechero ! 
Si es un volcán. 




JUAN 


En mi pueblo es lo que siempre usé 

y mi padre, 

que era un sabio, lo usó. 


yo. 


SEMINA. 


Pues vaya un velón; 
si es casi un hachón. 




TODOS 


Que Dios nos dé su protección. 




SEMINA. 


¡ De rechupete ! ¡ Qué bien nos sabe ! 




roDo^ 


Es el placer más bello y dulce 
de la vida. 




SEMINA. 


Así, apurando el cigarrillo, 
el humo azul, como una nube, 
al aire va. 





Segunda letra 

JUAN Pica el gañote con el humo 

de este pitillo. 



- í:5 



SEMINA. Si es que inc rasca, 

que parece que es un rastrillo. 
JUAN Ved cómo yo me trago el humo; 

que en esto de chupar, 

con gracia, el amo soy; 

acabo yo con un estanco; 

tengo un pulmón 

que es una bala de cañón. 
SEMINA, Ojo avizor, por si viene 

aquí el rector. 
JUAN Y si viene, le convido a fumar 

y entavía agradeció ha de estar 

de verse obsequiar. 
SEMINA. Si nos sorprende nos echará un sermón. 
JUAN De mi cuenta lo dejáis y veréis 

deseguida cómo os da su perdón. 
SEMINA. Su genio es atroz; es hom.bre feroz. 
TODOS A todos nos da gran pavor. 
SEMINA. ¡De rechupete! etc., etc. 

HABLADO 

(Concluido el número, Antonio y los cinco 
seminaristas hacen mutis por la izquierda.) 

JUAN {Desde la puerta, a los que se van.) ¡Cuidiar 

de no chupar tanto, que vais a quear como 
espingardas! {Vohñendo a la escena.) ¡La 
verdá que es fácil hacer feliz a la gente I Y 
sin molestarse uno ná. De la suerte, tó el 
• secreto consiste i en estarse uno quieto! 
{Asombrado de oírse.) ¡ Si esto paece del sa- 
biotc de mi padre ! ¡ Vaya cencía, Juanón ? 
i Vaya cencia ! {Aplaudiéndose.) 

GASPAR {Por la i.zqmerda, sorprendido de lo qice hace 
su amigo.) ¿Te has vuelto loco, Juanón?... 
¿Qué es éso? 

JUAN ¿Esto? ¡Que me estoy haciendo una ova- 

ción unánime a-o solo ! 

GASPAR (Sentándose.) ¡Cuántas tonterías dices! 



— 66 — 



/• 



H 



JUAN ¿Tonterías? ¡Cómo se conoce que no r 

oíste hace un momento! De la suerte tó 

secreto, consiste en estarse quieto. {Se sie 

ta a su lado.) 
GASPAR (Reparando en los cestos y las alforjas.) ¿ 

todo ésto? 
JUAN Pa tú... Te lo manda el tío Sebastián. (.5 

ñaíando.) Queso, miel, nueces... 
GASPAR Sí, sí... Pero, dime. ¿Cómo está el tío? 
JUAN ¡ Hum ! ¡ No sé qué decirte ! Más callao, nj 

reservón, más extraño que nunca. Desde 

día de tu marcha está cabizbajo, serio, j 

rismo. Ahora, la tié toma con el sefíori 

Carlos. 
G.\SPAR Pero Carlos, ¿sigue en el pueblo? 
JUAN ¡Anda! Y pa largo va. Se ha metió en ot) 

en la casona. ¡A saber lo que quié hacer! 
GASPAR ¡Yo bien me lo sé, Juanón! 
JUAN Pué ser. Aunque así, a distancia... En So 

lio, unos dicen que es una bodega nueva, 

tros, que un pajar. Tú, ¿qué crees? 
GASPAR (Levantándose nervioso.) \ Que es una ] 

llanía, Juanón! 
JUAN ¡Sopla! ¿El levantar cuatro tabiques? 

GASPAR ¿Y Aurora?... ¿Qué piensa la Aurora 

todo ésto? 
JUAN No creo que se ocupe. Pero ella mesma 

lo pué decir mejor que yo... 
GASPAR ¿Ella? ¿Está ella aquí? j 

JUAN Conmigo ha venido. Se entró a Hevar Uii 

flores a la Milagrosa. 
GASPAR ¿Cómo no me lo has dicho antes? 
JUAN ¡Esa sí que es buena! ¿Me habías tú pi; 

guntao algo? 
(^A.SPAR Anda, Juanón; ve a buscarla, dila... 
JÍJAN A cualquiera hora, pa perderme en ese 1 

berinto de los claustricos... 
GASPAR ¡ Si yo pudiese ! , 



— 67 — 

JUAN (Mirando por la izquierda.) No hace falta. 

¡Ahí la tiés ya! 

AURORA (Por la izquierda.) ¡ Gaspar ! 

GASPAR (Corriendo a su encuentro.) ¡Aurora!... (Se 
cstreáhan las manos con efusión vivisima.) 

AURORA De rezar pa ti a la Virgen vengo. ¡Pa que 
te 'haga un buen sacerdote! 

GASPAR ¡Lo mismo le pido yo, a todas horas, a ese 
Cristo ! 

AURORA El padrino me encargó que te diese un abra- 
zo muy fuerte en su nombre. No viene por- 
que es'á con los preparativos. 

GASPAR Los... de la boda, ¿verdad? 

AURORA (Bajando la cabera.) Los de la boda, 

GASPAR ¿Para cuándo? 

AURORA Pa la entra de diciembre, dice que... 

GASPAR (A Juanón) ¿Quieres hacer el favor de en- 
tregar todo eso en la despensa? Conoces el 
camino... 

JUAN (Recogiendo todo.) No conozco el camino, 

pero te conozco a ti y conozco que estorbo. 
¡Comprendido! (Mutis por la izquierda.) 

GASPAR (Rompiendo una pausa violenta.) ¿Viniste 
sólo para decírmelo?... 

AURORA Fué el padrino quien me mandó que acom- 
pañase a Juanón, 

GASPAR ¡El padrino! ¿Qué se propone?... ¿No com- 
prende que a tu lado?... 

AURORA A mi lado, ¿qué?... 



MÚSICA 

Número 6 

GA.SPAR Aurora, siempre que vienes 
vuelve a mi mente el recuerdo 
de aquellos días lejanos, 
que para siempre perdí ; 
me acuerdo de mi campiña. 



68 — 



del trote de mi caballo, 

de aquella paz aldeana. 

del campo en que fui feliz. 

Traes a mí 

recuerdos de un 

tiempo que ya 

no ha de volver; 

que muerto en mi pecho ya está ; 

yo no sé si ha de volver 

o es mejor que no venga más, 

mujer, mi vida a turbar. 

Te he de envidiar 

porque al campo vas a volver, 

V allí serás 
feliz, sin que nada 
te 'haga llorar 
una ilusión que se fué 
y que jamás 
te habrán de quitar. 
Gaspar, no envidies tú mi suerte; 
si allí puedo gozar de libertad, 
benditas sean las paredes 
que el alma de sufrir te ha de librar. 
Mi reja nunca ha sido abierta, 
porque también mi celda tengo yo; 
la triste celda donde muere 
un alma, que agoniza sin saber lo que 
dime ya qué es peor de soportar. 
¡Qué lejos aquel tiempo está! 
La vida se va. 
Pero aún recuerdo... 
El día aquel. 

La vuelta de alegre vendimiar 
en campos risueños. 

Y lleno el pecho de sol 
y en la garganta un cantar, 
daba anhelos de soñar. 

AURORA Cantar de ilusión. 



AURORA 



[an: 



GASPAR 
AURORA 
GASPAR 
AURORA 



GASPAR 



— 69 — 

ASPAR Aquellos instantes que viví 

por siempre jamás. 
OS DOS Tú me traerás recuerdos de un tiempo que 

ya no ha de volver 

y que muerto en mi pecho, 

en mi pecho está. 

Yo no sé si debo volverte a ver 

o si es ya mejor que no vuelvas más, 

mujer, mi vida a turbar. 
ASPAR Te he de envidiar, porque al campo 

vas a volver, 

y allí has de ser... 
OS DOS Feliz, sin que nada 

te ihaga llorar 

una ilusión que se fué 

y que jamás 

me habrán de quitar; 

nunca en la vida podré olvidar. 
URORA {Dentro.) 

Gaspar, no envidies tú mi suerte; 

si allí puedo gozar de libertad. 

benditas sean las paredes 

que al alma de sufrir te han de quitar. 

Mi reja nunca ha sido abierta, 

porque también mi celda tengo yo; 

la triste celda donde muere 

un alma por amor. 



HABLADO SOBRE LA MÚSICA 



{Vuelve a sonar, pero ahora cinco o seis ve- 
ces, la campana de antes. Por Id izquierda, 
llega JUAN, seguido del FÁMULO i.**) 

UAN Gaspar, que este tío dice no sé qué de la 

campana, 

l'AM. i.° Terminó la hora de visita; usted lo sabe... 

ASPAR Desde luego; en seguida se marchan... {Mu- 
tis del Fámulo por la derecha.) 



70 — 



JUAN 
GASPAR 

JUAN 
GASPAR 



AURORA 
GASPAR 



Pus hasta la próxima, Gaspar, y que sea 
pronto. 

{Abrazándole.) No es fácil, Juanón. {Va a 
dirigirse a Aurora y sil mirada tropieza con 
la de Juanón. Turbado, se detiene.) 
{Comprensivo.) ¡ Sí ! Conozco el camino, 
descuida! {Mutis derecha.) 
{Estrechando las manos de Aurora, con 
grandísima emoción.) ¡Que seas muy feliz, 
hermana ! 

{Casi llorcmdo.) ¡Feliz!... ¿Yo?... 
¡Sí, Aurora, Dios lo hará!... {Les acom- 
paña hasta la puerta de la derecha y queda 
un momento mirándoles marchar, luego 
vuelve a escena, se arrodilla ante ^l cruci- 
fijo y reza. En la orquesta suena el estri- 
billo del número del cigarrillo y Antonio y 
cinCo seminaristas pasa^n de izquierda a de- 
recha, apurando las colillas respectivas. Den- 
tro, Ujano, se escucha, cuando éstos hicie- 
ron mutis, la vos de Aurora, que canta su 
frase del dúo. Gaspar, lucha entre su rezo 
y su amor, al cabo, se levanta y corre a la 
ventana, desde donde grita) ,- ; Aurora ! 
i Aurora ! {Se le rompe la voz en un sollozo, 
da algunos pasos vacilantes, y al cabo se 
desploma llorando sobre el sofá, mientras 
en la orquesta triunfa brillante, su frase 
del dúo y cae.) 

TELÓN RÁPIDO Y FIN DEL CUADRO. 

{Intermedio musical.) 



71 



CUADRO SEGUNDO 



la misma decoración del acto primero, en las últimas 
horas de la tarde de un día decemhrino. Empezará a 
anochecer cuando se indique, pero una luna clara ten- 
drá bañado en lu^ fría el rincón aldeano, danda sen- 
sación casi de día. 

(Cuando el telón se alza, están en escena el 
Tío MENTIRAS y JUAN. El primero se 
envuelve en una capa raída y vieja y lleva am- 
plio sombrero aludo, roto y deformado. El 
mozo se cubre con una montera peluda y para 
abrigarse el cuerpo sólo lleva un tapabocas 
que le da dos vu^eltas al cuello y cuyas pun- 
tas le cuelgan una airas y otr\a delante. 
Continúa la acción.) 

(Queriendo desprenderse de Juan, que le 
tiene cogido por la capia.) j Suelta ! ¡ Suelta 
ya, peazo de bárbaro, que me vas a romper 
la capa! 

¡Y que sería una lástima, porque la estre- 
na usted este invierno! 
¡ También tú eres pesao ! ¡ Suelta ! 
¡ Que no, hombre, que no ; que mi conflizto 
es mucho conflizto y sólo usté pué sacar- 
me de él! 

Ya sabes que en cosas de enamoramientos 
no quió decir ná. -El que se mete por me- 
dio de los novios, siempre sale perdiendo. 
¡ Pero si entre la señorita Tina y yo no hay 
noviazgo, ni ná ! Lo que es, es que está más 
loca que una cabra. 
¡Y con razón! 

Usté, como tó el pueblo lo han visto, riñó 
con don Carlos... 

Porque el señorito no deja a la Aurora ni 
a sol ni a sombra. 



\1ENT. 



tUAN 

MENT. 
fUAN 



MENT. 



JUAN 



MENT 
JUAN 

MENT 



72 



JUAN Ese ha sío el pretexto. Pero bien que se ha 

quedao en Soíillo y ha alquilao la casa al 
lao de la mía y vive como una aldeana cua- 
lisquiera y cá vez que me vé, que es una vez 
ca diez minutos, me dice unas cosas que... 
¡hay que ver lo que me dice!... 

MENT, ¿Qué te dice?... 

JUAN Que qué sueño por las noches; qué dónde 

tengo el lunar... 

MENT. ¡Amos, te quiés callar! ¡A ver si vamos 

a tener que nombrarte señorito Sotillo!... 

JUAN ¡Eh, eh! Menos chuflitas, que yo no ten- 

go aguante y a lo mejor se me olvida que 
es usté un viejo y hasta el proverbio aquel 
del talentazo de mi padre : "Mejor que pe- 
gar a un viejo, es dormir todo el invierno", 
i Vaya cencia ! 

MENT. Bueno, en resumidas cuentas, ¿tú qué 

quiés? 

JUAN Que me diga usté que lo sabe tó, lo que 

tengo que hacer pa quitarme de encima a 
esa señoritinga, tío Mentiras. 

MENT. ¡Juanón, Juanón!, ¿con lo guapa que es 

y no te gusta? 

JUAN ¿Gustarme? ¡Gustarme, me gusta más que 

soñar que soy colchón de muelles! Pero, 
es demasiao elegantona pa mí : huele de- 
masiao bien, lleva el pelo más corto que 
cualquier mozo del lugar y, sobre tó, se 
baña toos los días... 

MENT. ¿Toos los días? 

JUAN Toos. 

MENT. I Qué cochina! 

JUAN Comprenderá usté, que una mujer así no es 

de mi convenencia. 

MENT. ¡Qué ha de ser, hombre! 

JUAN Así que usté me dirá qué hago pa librarme 

de ella. 

MENT. (Se quita el sombrero y se rasca la cabera. 



73 



pensativo.) ¡ No sé, no sé ! ¿ Has probao a 
no hablarla? 

JUAN ¡Si habla ella por los dos!... Que si esto, 

que si lo otro, que si fué, que si vino, j Pae- 
ce una cotorra! 

MENT. ¿Por qué no te pones en amoríos con una 

moza cualquiera?... 

JUAN ¡ No hay una sola que se atreva, ni jurán- 

dolas que es de broma!... 

MENT. Pues no sé... no sé... 

JUAN A mí se me había ocurrido, no sé qué tal 

estaría, ¿eh?, esconderme en un recodo al 
obscurecer, y cuando ella pasase, ¡ atizarla 
un buen peñascazo en to lo alto de la ca- 
beza ! ¿ Qué tal ? Así me paece que se aca- 
baría el amor... 

MENT. ¡Y la cabeza! ¡Qué bárbaro! 

JUAN {Desilusionado.) Entonces, ¿no sirve? 

MENT. Verás, verás, en principio la idea no es 

mala. Falta perfecciónala. Claro es que la 
señorita Tina no está acostumbrada a que 
la traten malamente y eso pué desilusiona- 
la, ¡ahora que un peñascazo! 

JUAN U dos, si le pace poco; yo en tocante al nú- 

mero no tengo manías. 

MENT. Al revés, Juanón. Creo que con un tor- 

tazo bien dao... ; Comprendes? 

JUAN Del tó, tío Mentiras; le voy a dar uno que 

se vuelve a Madrid sin hacer el equipaje... 

MENT. A ver si así lo consigues... 

JUAN A ver... 

{Por el foro derecha, Aurora, que se diri- 
ge a su casa con una toquilla de lana, am- 
plia, buena, cara.) 

AURORA Buenas tardes. 

JUAN ¡Y frescas!... 

AURORA Tampoco se pué pedir otra cosa a medíaos 
de diciembre. 

MENT. {Con intención.) Ayer nevó en la ciudad. 



— 74 — 



AURORA 

JUAN 



AURORA 

JUAN 
MENT. 
AURORA 
MENT. 

AURORA 
CARLOS 



AURORA 
CARLOS 

AURORA 
MENT. 

CARLOS 
MENT. 



CARLOS 
MENT. 



JUAN 



Bonito estaría el patio del seminario, ¿ver- 
dad, Aurora? 

(Triste, violenta.) ¿Cuando usted lo dice? 
Cuando estuvimos nosotros la última vez 
primavera paecía. Claro que ya va pa un 
mes... 

(Con mayor tristeza.) Pasado mañana lo 
hace, Juanón... 
¡Eso es memoria! 
No: ¡eso es sufrimiento! 
(Suplicante.) ¡Tío Mentiras! 
¡Bah! ¿Es que vas a tomar en serio mis 
bromas ? 

¡Si pudiese!... (Va hada su casa.) 
(Saliendo de la suya. Zamarra con ancho 
cuello de piel subido y gorra gris obscura.) 
Aurora, ¿quieres hacerme el favor un mo- 
mento ? 

Señorito Carlos... Es que iba a... 
Son nada más dos palabras... dos palabras 
a solas. 
¡No! 

¿Por qué no, mujer? Cualquiera diría que 
Carlitos es un ogro o que tú le tiés miedo. 
Bien dicho, tío Mentiras... 
Bien dicho y más verdá que la luz, gorrión. 
Tú eres de cuidiao, ella una infeliz. Pero 
entre ella y tú esta to Sotillo que no re- 
trocede por ná ni por nadie... 
(Bravo.) Eso... 

(Al tono del otro se contiene y sonriente, 
continúa.) ¡Eso, eso es otra copla de las 
mías! Y vamonos, Juanón, que el señorito 
manda y quié estar solo... ¡El señorito! 
¡Cuidiao que ha venido a menos la raza, 
galán ! (Coge del hombro a Juan y hacen 
mutis por el foro izquierda.) 
(En el mutis.) ¡Ya lo decía el sabio de mi 



— 75 — 



padre! El señorito Garlitos, tié cabeza de 

chorlito. (Mutis.) 
CARLOS (Al ver que Aurora permanece inmóvil en 

el umbral de su puerta, se acerca son- 
riente.) 

No me tengas miedo 

sin motivo, Aurora, 

He querido hablarte 

porque ya la hora 

de dejar el pueblo 

para mí sonó 

y la despedida 

quiero darte. (La brinda la mano que ella 

no acepta. Pausa breve.) 

¿No? 

Di, ¿por qué me niegas? 

la mano de amigo? 
AURORA (Separándose de la casa, lub recobrado todo 

su aplomo:) 

No soy rencorosa, 

¡El cielo es testigo! 

Pero, ya que marcha 

por fin, del lugar 

sin tocar mi mano 

se puede marchar.,. 
CARLOS (En son de reproche.) 

i Arisca ! 
AURORA (Digna.) 

jNo, honrada! 

Y sé por instinto 

que es cada apretón 

de manos, distinto 

y, aunque son iguales 

para el que los mira 

el que aprieta sabe 

qué intención le inspira. 

La mano de amigo 

se atreve a pedirme 

el que, de cien modos^ 



— 76 



CARLOS 



intentó rendirme. 
La mano de amigo 
me pide el traidor 
que buscó mi cuerpo, 
ya que no mi amor. 
¿La mano de amigo 
me brinda usté hoy? 
La mano de amigo 
que, amigo, me voy. 



MÚSICA 



Número 7. 

AURORA ¡Ah! Esa mano que me ofrece 

de amigo sincero, 

es la mano traicionera 

que un día me quiso mancillar ; 

no la brinde tranquilo, 

porque bien sé que en ella 

va encubierta la traición 

que Iha de engañar; 

sin que sea su pasión 

un amor de verdad. 
CARLOS No hablemos de mi cariño, 

si es que en mis frases 

de pasión no ha de creer; 

perfiero dejarte libre 

y que tu vida no perturbe mi presencia; 

del pueblo, por fin, me marcho, 

sin que al marcharme 

pueda dar dolor mi pena; 

por siempre te quedas; 

renuncio a tu querer; 

no te importuno. 

olvido y te dejo tranquila, 

ni te molesto; 

pero la mano te he de dar 

con mi amistad. 



77 



¡Ah! Esta rnano que te ofrezco 
de amigo sincero, 
no es la mano traicionera 
que un día te quiso mancillar. 
LOS DOS Yo no sé si es verdad 
lo que viene a decirme 
o si oculta la traición que ha de engañar; 
sin que sea su pasión 
un amor de verdad. 
No te niegues a estrecharla, 
pues bien sé que en ella 
va latiendo un corazón sin engañar, 
y que sabe la pasión 
de un amor de verdad. 

HABLADO 



AURORA (Deconfiada.) 

Si es cierto que el pueblo 

va usted a dejar. 
CARLOS ¿Por qué no ha de serlo? 

¿Qué puedo esperar? 

Tu boda se acerca 

y es vano querer 

que dejes al viejo ; 

serás su mujer. 

¡Quédate tranquila 

y en gracia de Dios 

que hoy, por la vez última, 

hablamos los dos. 
AURORA Suena su palabra 

a franca y sincera. 

¡Así debe serlo 

y ojalá lo fuera! 

Y si por si acaso 

no viene a engañar, 

la mano de amigo 

le quiero aceptar. {Le tiende la diestra.) 

Ahí la tiene. 



— 78 — 



CARLOS 
AURORA 



CARLOS 

AURORA 

CARLOS 



D. TITO 



CARLOS 
D. TITO 



CARLOS 
D. TITO 



(Oprimiéndola con las dos suyos, desbor- 
dante de deseo.) 
i Aurora ! 

(Soltándose sin violencia.) 
¡Calma, señorito! 
Sabe que no quiero, 
que no necesito 
escuchar palabras 
de encendido amor 
que el que calla, acaso 
sabe amar mejor. 
¡Entonces, me callo! 
Así debe ser. 

Y adiós, señorito. 

i Sé feliz, mujer! (La acompaña hasta la 
puerta de la casa de la izquierda, por donde 
ella hace mutis y permanece en el dintel 
viéndola alejarse. Por la casa de la derecha 
sale DON TITO, que lleva un abrigo largo 
con cuello de f-iel subido, una bufanda de lana 
arrollada a la .garganta, bajo e4 abrigo un 
gorro de alpinista de lana blanca, con ore- 
jeras y unos guantes, también de lafia, pero 
a pesar de sus precauciones, viene helado y 
da pataditas en el suela para desentumirse 
los pies. Se golpea el cuerpo con ambas ma- 
nos y, en resumen, utiliza todos los recursos 
corrientes para librarse del frío.) 
(Imitándole. Riéndose.) ¡¡Sé feliz, mujer! 
¡ Bonito final de película italiana, Garlitos ! 
¡ Eso se llama hacer el indio y lo demás, son 
monsergas I 

(Volviéndose tranquilo) ¿Estás seguro? 
Chico, por lo menos las apariencias no pue- 
den ser más desoladoras para ti. En la puer- 
ta de la carretera aguarda tu coche, los 
equipajes están en él y... 

Y todavía no me he ido... 

¡ Por tu madre, Carlos ! j Bromitas, no ! Esta 



— 79 



noche nos vamos o mañana me servís con 
cucharilla: helado de don Tito con bar- 
quillos... 

DIEGO ¿Tanto frío tienes? 

D. TITO ¡Más! ¡Yo creo que los exploradores mun- 
diales se pasan la vida haciendo el ridículo; 
el Polo, el verdadero y legítimo Polo está en 
Sotillo. 

CARLOS ¡Cómo se ve que te vuelves viejo! 

D. TITO j Sí, lo que quieras ! Pero aquí estornudas y 
te salen estalactitas en las narices. Carlos 
de mi vida. O nos vamos, o la carne conge- 
lada y yo primos gemelos. 

CARLOS Puedes estarte tranquilo, que mañana nos 
amanecerá en Madrid. 

D. TITO jMadrid... ¡Me va a parecer un sueño! ¡Si 
vieses la envidia que tengo a Mado y a 
Diego ! 

CARLOS ¿Por qué?... 

D. TITO Porque lleva dos meses gozando las deli- 
cias de la calefacción central . 

CARLOS Pleiteas por poco. Tito. (Van hacia la cosa 
de la derecha.) 

D. TITO Me indigna que te hayas rendido ante una 
lugareña, Carlos. 

CARLOS ¿Tú que sabes lo que puede ocurrir todavía? 

D. TITO Dice bien Carlos. A lo me... me... (Se para 
haciendo unos visajes rarísimos.) 

CARLOS (Alarmado.) ¿Qué es eso, Tito? ¿Te pones 
malo? 

D. TITO (Sin cesar de •gesticular, casi sin que le sal- 
gan las palabras.) Nada... No me pasa 
nada... (Recobra la tranquilidad.) ¡Un es- 
tornudo, hombre ! ¡ Un estornudo que se me 
ha helado dentro! (Su amigo ríe, y los dos 
hacen mutis por la casa de la derecha, cuya 
puerta se cierra tras ellos. Salen por la de- 



recha TINA y varias mozas, que visten tra- 
jes de pueblerinas, pero elegantes, estiliza- 
dos.) 



MÚSICA 



Número 8. 



MOZAS Las mozas de Sotillo 
vienen aquí, 
pues elegantes quieren 
al cabo ser; 

porque a la moda toda mujer, 
si quiere gustar, 
sus gracias debe rendir. 

TINA Las mozas de Sotillo 

pueden saber 
todo lo que desean 
y un poco más, porque yo 
mis consejos les he de dar, 
y serán coquetas; 
poner, mozuelas, mucha atención 
porque comienza ya la lección. 

MOZAS La cara nos pondremos para 

gustar igual que las señoras 
que hay en Madrid a ver si 
algún mozo de por aquí 
me quiere decir sus frases 
de ardiente amor. 

TINA Las caras más bonitas de este 

lugar, si las cuidáis con arte, 
podéis tener; porque muy guapas 
todas os podéis ver; con seguir 
mis planes veréis al cabo de la 
lección, que habéis logrado 
vuestra ilusión. 
Hay que andar con cuidado 
al usar colorado y ponerse 
la cara muy mona ; hay que dar 



81 — 



TODAS 



encarnao, un poquito encolao, 
no pintarse como una pepona; 
colorín en la boca pondrás, 
pero nada más ; cuando el rostro 
lo lleves pintao, aquí 
colorín y aquí colorao. 
Cuando el rostro lo lleves 
pintao, aquí colorín 
y aquí colorao. 



HABLADO 



TINA 

AURORA 
TINA 
AURORA 
TINA 

AURORA 

TINA 



AURORA 

TINA 



AURORA 

TINA 
AURORA 



TINA 



(Al concluir el número^ las mozas que salie- 
ron con Tina hacen mutis' y se queda ella 
sola en escena.) 

(Llamando en la puerta de la izquierda.) 
¡Aurora!... ¡Aurora!... 
(Dentro.) ¿Quien va? 
Soy yo... ¿No me conoces? ¡Abre! 
(Abriendo la puerta.) ¿Usted, señorita? 
(Contrariada.) ¡Y dale! Agustina y de tú, 
mujer... 

Como quiera... (Corrigiéndose sonriente.) 
Como quieras. Y ¿qué te trae pior aquí? 
Ver al Sebastián. Es la única persona tra- 
table de Sotillo. Me hace falta que me acon- 
seje, que me guíe. 
¿Que te guíe? 

Sí. Ya sé que eso es difícil, porque doy más 
tumbos que un Ford; pero si él quisiera.,., 
si tú le dijeses... 

Descuida, mujer, que cuando vuelva le Iha- 
blaré por ti... 
Pero, ¿tardará? 

Al filo de media hora le espero. Fué a la 
ciudad a ver al Gaspar, de paso que arregla- 
ba no sé qué dificultades para nuestra boda, 
que siempre hay algo que la retrasa. 
¡Casarse! ¡Qué alegría! 



— 82 — 

AURORA ¿Tú crees? 

TINA El día que mi Juanón me diga que va a 

a arreglar los papeles, le regalo una vara de 
fresno para que se me vaya entrenando. {Si- 
guen hablando en voz baja.) 

MENT. (Por el foro derecha, con luán. Señalando 

a Tina.) jMialá!... ¡Ahí la tiés! Me parece 
que más aparente... 

JUAN ¡ Si es que me da reparo, tío Mentiras ! 

MENT. ¡A bien que tú has sío mirao pa cosas de 

mujeres! 

JUAN Es que a las otras, como las quería, pus las 

pegaba más a gusto. Pero a ésta... ¡A ésta 
me da mucho reparo! 

MENT. Pus sacrifícate. Piensa que es pa verte li- 

bre de ella, cierra los ojos y atiza de una 
vez, sin miedo. 

JUAN ¡Así lo haré, descuidie; qué remedio! {Las 

dos jóvenes se despiden, Aurora entra en SU\ 
casa, cerrando la puerta.) ¡Déjeme! ¡Dé- 
jeme! ¡Pero no se vaya lejos! 

MENT. Descuida, hombre, descuida. Y ya lo sabes. 

¡Fuerte y con los ojos cerraos, que es pa 
verte libre! 

JUAN Pero si cierro los ojos, ¿cómo quié usté que 

me vea libre? {Mutis por derecha del tío 
Mentiras.) 

TINA {Al volverse para hacer mutis por el foro, 

se encuentra, cara a cara, con Juan.\ ¿Es- 
tabas ahí? 

JUAN Acababa de llegar, señorita Tina. 

TINA {Contrariada.) ¿También tú? ¿Cuántas ve- 

ces os voy a decir que me tuteéis, que me^ 
llaméis Agustina? 

JUAN Bueno, mujer. No te apenes, que_ no vale 

que te disgustes. {Apar'te.) ¡ Pobrecillal' 
¡Más buena es! ¡Y pensar que tengo que 
atizarla ! 



* 



83 — 



Lo que ocurre es que en Sotillo nadie me 
quiere bien. 

(Aparte.) ¡Me da una pena! (Alto.) ¡Ya sa- 
bes que yo!... 

¿Tú?... ¡Tú, menos que nadie! 
A ío mejor... (Aparte,) ¡Ea, lliay que deci- 
dirse, Juanón. (Alto.) Yo, ¿qué? ¿Qué ten- 
go yo que ver con tus majaderías? Di. (Todo 
esto a voces, con grandes ademanes.) 
(Encantada de los gritos.) ¡Sigue, Juanón, 
sigue! 

¿ Que siga ? ¡ Pues, claro, que sigo ! } j Y 
como te pongas así!! (La amaga una bofe- 
tada.) 

(Preparando la cara para el tortazo.) ¿Qué? 
¡Como te pongas así!... ¡Como te pongas 
así!,.. {Transición. Baja la mano y la retira 
la cara.) ¡ No te pongas así, Agustina ; no 
te pongas así! 

¡Por algo digo lo que digo! El mozo más 
bruto, más hombre de Sotillo^ a mi lado y 
sin atreverse a nada. 

¡ Sí, tiés razón ! ¡ Pero es que no puedo, 
Agustina ! 

¡Con lo que te quiero! Porque tú sabes lo 
que te quiero ... 

(Como una fiera.) ¡Maldita sea! ¿Que me 
quieres? 

Con toda mi alma, ¿y tú? 
(Amagándola la bofetada.) ¿Has dicho que 
me quieres?... Pues yo... ¿Yo?... ¿Yo? 
(Bajando la mano.) ¡Ea, que no pué ser! 
Parece mentira que no aprecies mi sacrifi- 
cio. Por ti he renunciado a todo: he per- 
dido mis joyas, mis comodidades^ mis lu- 
jos... ¡Y tú no me quieres!... 
¡Es que si te quisiera ibas a perder, ade- 
más, las narices! 
(Loca.) ¿ De verdad ?, ¡ oh, Juanón ! ¡ Prueba ! 



— 84 — 

JUAN (Asustado.) ¿Qué? ' 

TINA (En el paroxismo.) ¡Que pruebes! ¡Anda! 

(Casi le abraza.) 

JUAN ¡Se acabó! A mí, roneos, no. ¡Sea lo qtífc 

Dios quiera! (Toma vuelo y la da una bO" 
jetada imponente.) 

TINA ¡Ay!... 

JUAN ¡Lámate! 

TINA (Con voz doliente.) ¡Juan!... 

JUAN (Aparte.) ¡Entoavía vive!... 

TINA ¡Juanón!... ¡ Juanoncito!... 

JUAN Perdóname... Comprendo que soy una 

muía... Pero es que me cegué y... así te 
convencerás de que no me se pué tomar 
en serio. 

TINA Dime.... Juanoncín, ¿has dado a alguna no- 

via una... una prueba de cariño mayor? 

JUAN (Mirándola la cara.) A ver... No... ¡Mayor 

que ésta, ninguna. (Aparte.) ¡Mi sabio pa- 
dre, y qué tortazo! 

TINA Pues... yo... ante un muestra de amor así..., 

¿qué quieres que te conteste? (Haciendo 
muchos remilgos se cuelga de su brazo.) 
Puedes señalarme la fecha de la boda. 

JUAN (Asustado.) ¿Qué dices? ¿Que te señale, 

otra vez? 

TINA Lo que oyes, Juanoncitín. Y vamos para 

casa, que vamos a escribir a mamá. ¡Verás 
qué felices vamos a ser! 

JUAN ¡Felicísimos! ¡Hasta con suegra y tó! 

TINA (Arrastrándole hacia la izquierda.) ¡Cuida- 

do que me ha costado trabajo el que te de- 
clares ! 

JUAN ¡Ah, entonces es que yo!... 

TINA ¡Naturalmente, hombre! 

JUAN Pero, ¿por qué se me ocurriría a mí darle 

ese tortazo? 

TINA ¿Me vas a dar otra prueba de cariño así?... | 

JUAN ¿Ah, pero es qué?... ¡Pues por mí, andan- 



3 



— 85 — 



MENT. 



SEBAS. 
MENT. 
SEBAS. 

MENT. 
SEBAS. 
MENT. 

SEBAS. 
MENT. 

SEBAS. 



MENT. 
SEBAS 

MENT. 

SEBAS. 

MENT. 
SEBAS. 
MENT. 



do ! ¡ Perdido por una, perdido por mil ! 
¡Andando! ¡Lista! ¡Arre! (A puñetazos y 
puntapiés, hacen mutis.) 
{Por donde se ocultó, viéndoles ir.) ¡Cual- 
quiera entiende a esas mujeres! A esa se- 
ñoritinga le gustaría pasar la luna de miel 
en el hespital. {Empieza a obscurecer. En- 
tra Sebastián por el foro derecha. Zamarra 
y sombrero negro.) 
\ Buenas tardes ! 
Pronto diste la vuelta. 

Un tren antes de lo que pensaba. Concluí 
en menos tiempo en la ciudad y... 
{Con intención.) Y ¿ná más?... 
Ná más. ¿Qué otra cosa podría haber? 
¿Naide te dijo? ¿Ni siquiera tu mesmo co- 
razón, que tan leal es?... 
¡Concluye! ¿Qué tenías que decirme? 
Del apeadero a Sotillo, ¿viniste por la ca- 
rretera o por el atajo? 
Por la carretera vine, que el día estaba al 
caer, y bajan lobos por el atajo cuando el 
invierno es crudo. 

¿Y no viste ná parao junto a la vera de la 
acequia vieja?... 

El automóvil del señorito Carlos. Se les ha- 
bía estropeao el motor camino de Madrid ; 
pero, ¿cómo puedes saber tú? 
Como sé que Carlitos no estaba en él y que 
a su amigo no le fiaría gracia el verte, 
¿verdad? 

¿Qué quieres decir?... {Asaltado por una 
idea, corre Jiacia su casa gritando.) ¡Auro- 
ra! ¡Aurora! {Abrió la puerta.) 
{Sujetándole.) ¡Quieto, Sebastián! i Aún 
no ; toavía no ! 

¿Qué es lo que sabes, tío Mentiras? Dime, 
dime y te haré enterrar en oro. 
Sin promesas, Sebastián. Saber, no sé ná; 



— se- 



que el señorito dijo que se iba, que el co- 
che se le rompió frente a un camino que 
sale frente a tu casa, que él no se paró a 
arreglar el desperfecto... ¡Coincidencias, 
tonterías, casualidades. ¡ Ná ! 

SEBAS. Bien dices: nada. Nada, porque no conta- 
ron conmigo, y hace falta tener presente al 
"Renegado" ; que nada ni nadie sacará a 
Aurora de esa casa sin arrancarme primero 
la vida. 

MENT. Tú vas pa viejo; Garlitos es joven, fuerte... 

SEBAS. Pues no contó con un viejo amigo, que me 

ayuda a guardar mi casa. ¿No le cono- 
ces? Espera. {Breve mutis a su casa y miel- 
ve con una escopeta de dos cañones.) Aquí lo 
tienes. 

MENT. ¡Eh, eh, tú!... Aparta, aparta, que te se pué 

disparar... 

SEBAS. Mírala cara a cara y no temas, que es muy 

noble. Veinticinco años c[ue nos conocemos 
y nunca me faltó su aliento en él instante 
preciso. 

MENT. Sí que debe dar qué hacer, si quiere. 

SEBAS. (Contemplando la escopeta con ternura; aca- 

riciándola casi como si se tratara de un ser 
vivo, con emoción.') 
Como se aprecia a un hermano, 
por lo franca y lo discreta, 
aprecio yo a mi escopeta , 
de cuya lealtad me ufano. 
Ella la vida me ampara; 
y, al momento de ampararme, 
tal cariño sabe darme, 
que se me pega a la cara 
como si fuera a besarme. 
Compañero parecido 
no lo encontrará su dueño. 
Cuando te quedas dormido 
junto a este amigo querido. 



-87 



MENT. 

SEBAS. 
MENT. 
SEBAS. 



MENT. 
SEBAS. 



MENT. 
SEBAS. 



¡qué sosegado es tu sueño! 
Si adoras a una mujer, 
como tu temor se aquieta 
si alguien busca su querer, 
al saber que es la escopeta 
la traba firme y completa 
que, a su paso, has de poner. 
Nada te puede inquietar; 
abre bien de par en par 
las dos hojas de tu puerta, 
y deja rondar tu hogar 
al que quiera, que tú, alerta, 
con la escopeta has de estar. 
Paso franco al enemigo; 
si lo pide, dale abrigo, 
y aunque al mirarle los ojos 
descubras turbios antojos 
dentro de pecho enemigo, 
bríndale pan y posada, 
y en tu mano, confiada, 
sin temor la tuya aprieta. 
¡ Pero ten la otra crispada, 
para todo preparada, 
aquí, sobre tu escopeta! 
¡Así! ¡Así debe ser, Sebastián! Ojo aler- 
ta; el dedo, en el gatillo... 
i Y ay del que se acerque a esta puerta ! 
Ten presente que es el señorito. 
¡ Sea quien sea, tío Mentiras ! Son muchos 
años de guardar a la moza para que, al final, 
se la lleve un mal nacido, que sólo busca 
perderla. ¡ Eso no será ! 
i Cuando tú lo dices ! 

¡ No será ! i Espera \ (Va a la casa y cierra 
la puerta con llave, que saca del bolsillo, y 
vuelve a guardarse luego.) 
¿Qué haces? ¿Es que no vas a entrar? 
(Volviendo junto a él. Ya es noche cerrá- 
is pero con vivo resplandor limar que ilu- 



— 88 — 

mina la plazoleta.) ¡ Nadie, más que tú, sabe 
que estoy en SoUlIo ! 

MENT. Que es como no saberlo naide en absoluto... 

SEBAS. Confío en ello. Por eso quiero acechar mi 
casa desde fuera, Mentiras. ¡Y si has acer- 
tado que Carlos quiere aprovecharse de mi 
ausencia, si ese rufián... 

MENT, (Pretendiendo calmarle su creciente excita- 

ción.) i Sebastián !. . . 

SEBAS. (Transición.) Nada, no te asustes que no 
pasará nada. (A la escopeta.) ¿Verdad, 
amigo ? 

MENT. (Oído avizor.) Se oyen pasos... 

SEBAS. Pues vamos pronto, que no quiero que me 

vean. (Mutis de los dos por el foro derecha. 
Hay una pausa. Por el foro izquierda, al 
cabo de ella, entra Gaspar, que viste tal 
como en las últimas escenas del acto pri- 
mero.) 

MÚSICA 



Número 9 

GASPAR Aurora de mis quebrantos, 
Aurora de mis amores. 
Con lágrimas de m^s llantos 
regué de mi amor las flores. 
j Que Dios me perdone ! 
¡Te he de preferir! 
Pero él lo dispone 
y me ha dejado, al fin, venir. 
Pueblecito castellano, 
que ahora duerme en la besana, 
al compás de íu campana 
vi mi juventud y mi niñez pasar; 
pueblecito castellano, 
y ahora vuelvo a que tu suelo 
el querer que me tortura 



— 89 — 

quiera darme el gran consuelo 

de mi Aurora al ñn besar. 

Inútil fué mi promesa, 

inútil fué mi deseo. 

El alma en ella va presa, 

por todas partes la veo. 

Su imagen grabada 

la llevo en mi ser; 

mi Aurora, adorada. 

es la ilusión de mi querer, 

Pueblecito castellano, etc. 

HABLADO 



GASPAR {Mirando a todas partes.) ¡ Nadie ! ¡ Como 
lo esperaba ! {Va a ir hacia su casa. Aún 
duda, vacila y se encamina a la puerta.) 
¡ Perdón, Dios mío ! 

SEBAS, {Por el foro derecha.) ¡ El miserable ! No lo- 

grará su intento,., {Se echa la escopeta a la 
cara.) 

MENT. {De un salto le baja el cañón.) 

¡Quieto, Sebastián! ¿Es que estás ciego? 

SEBAS, {Forcejeando con él.) 

¡ Déjame, tío Mentiras ! 

MENT. {Soltándole, mientras Gaspm', sin decidirse 

a llamar, retrocede y entra de lleno en la 
zona que ilumina la luna.) ¡Dejao estoy! 
Pero mira bien, que contra tu misma som- 
bra disparas. 

SEBAS, {Dándose cuenta.) 

¡ El Gaspar ! 

MENT, ¡En presona! Tardío, si" lo fué; ¡pero se- 

guro! 

SEBAS, ¡Oiist! ¡Calla! Así, como yo volví... No sé, 
en esta hora, si él vive en mí o soy yo el que 
vive en su alma. {Gaspar va haciendo cuan- 
to la palabra de Sebastián indica.) Anda... 
Vacila... Quiere huir de la tentación... ¡Al 



— 90 — 



fin se decide ! ¡ Como yo, tío Mentiras, como 

yo! (Se ocuHan.) 
GASPAR (Ante la puerta. Llama.) 

¡Aurora!... 
AURORA (Ahre la puerta y se horroriza.) 

;Tú aquí, Gaspar? 

¿Qué has hecho? 
GASPAR " ¡ Perdóname ! 

Pero he querido matar 

este afán y en vano fué. {La abraza febril.) 

¡Mi Aurora, mi único amor!... 

Nadie nos separará. 
AURORA Y... ¿el tío? 
GASPAR Me matará; 

lo sé... Y no tengo temor. 
AURORA (Soltándose.) 

i Sálvate ! 
GASPAR Lo que he soñado 

se cumple; estoy a tu lado 

y no me aparto de ti ; 

que hoy un nuevo "Renegado" 

ha de hallar el pueblo en mí. 

i Qué horror ! 

i Horror, el perderte 

para siempre, y el pensar 

que habías de unir tu suerte 

ante otro hombre ante el altar! 

Gaspar... Piensa... 

i No ! Primero 

piensa tú, y dime con calma: 

¿me quieres? 

(Con tono de amoroso reproche.) 

¡Que si te quiero! 

Gaspar... ¡Sí!... ¡Con toda el alma! (Gas- 
par va a abrasarla ebrio. Le detiene en seco 

la voz de Sebastián, que avanza, escopeta al 

brazo, seguido del tío Mentiras.) 
SEBAS. Con toda el alma ¡ ya oíste ! 



AURORA 
GASPAR 



AURORA 
GASPAR 



AURORA 



— 91 — 



AURORA {Avergonzada, asustada, intenta justifi- 
carse.) 

Padrino... 
SEBAS. {Con voz en que la^s lágrimas restan vigor 

y auftoridad, aunque él intenta hacerse 

fuerte.) 

i Silencio, Aurora ! {A Gaspar.) 

Con toda el alma te adora, 

y tú por ella viniste. 
GASPAR ¡Perdón! 
SEBAS. Todo ha sucedido 

como lo pensé, Gaspar; 

pues comprendí que, al marchar, 

en ese rosal prendido {por Aurora) 

tu corazón malherido 

acababas de dejar. 

Desde el momento en que vi 

que la besabas al irte, 

tu tristeza conocí. 

Guardé a Aurora para ti, 

sabiendo que iba a rendirte 

el amor, igual que a mí. 

Ahora, mira abiertamente 

a la moza, fijamente: 

Si crees que vale la pena 

de romper una cadena 

santa por besar su frente ; 

si crees que está bien andado 

el camino que hoy trazaste, 

para mirarte a su lado 

y abrazar, como abrazaste, 

ese talle delicado. 

Si crees que basta el mirar 

de sus dos ojos de fuego. 

para poder tolerar 

el desprecio del lugar, 

siendo sordo, mudo y ciego; 

si crees que basta su amor 

y que hay, en su boca, miel, 



92 



para soportar la hiél 

del pueblo murmurador; 

entonces, el busto erguido 

y decidido el andar^ 

ve hacia la moza, Gaspar, 

¡que todo lo que has sufrido 

ella te puede pagar! 

Pues has querido mi suerte, 

que, al volver hoy a mi lado, 

si "Renegado" he 3e verte, 

como yo, tú has encontrado 

lo que a mí se me ha negado : 

¡Un cariño, honrado y fuerte, 

que por siempre te 'ha salvado ! 
MENT. ¿Perdonas? 

SEBAS. i Perdoné ya, 

como cumple a un castellano ! 
AURORA ¿Y el perdón de Dios? 
SEBAS. ¡Bien llano, 

moza, se os otorgará!... 

El perdón de Dios lo da 

de un sacerdote la mano. (Con lágrimas en 

la vos.) 

Bodas contrató la Aurora, 

bodas anunció en Sotillo. 

¡y tendrá, en la misma hora, 

bodas de rumbo y de brillo ! (Les une. Ellos 

se abrazan.) 
MENT. {Que acecha por el foro derecha.) 

¡Ojo alerta, Sebastián! 
SEBAS. {Marchando al foro.) 

¿Cómo? (Hablando a alguien que perma- 
nece oculto.) 

] Llégate sin miedo ! 

¡No andes huido, galán! 

{Mohino, al verse descuSierlo, entra, por 

el foro derecha, Carlos.) 

¿ Por que viene oculto y quedo 

el presumido don Juan?... 



93 



GASPAR (Pronto a saltar sobre él.) 

¿A qué vienes 
SEBAS. {Conteniéndole irónico.) 

¡Calma! Es 

un buen amigo. ¿Rondabas? 

Pues, si acaso nos buscabas, 

ya estamos aquí... ¡los tres! 
CARLOS (Sorprendido.) 

¿Tú, Gaspar? 
SEBAS. ¡Creo que sí! 

Pero mira por si acaso 

es otro y no el que yo vi 

ganar a un galán el paso... 
CARLOS (Recobrando la calma.) 

¡ Cómo hoy te lo gana a ti ! 

Pensaba marcharme hoy 

y me complace haber vuelto, 

para ver que te han devuelto 

la jugada. ¡Ya me doy 

por vengado ! ¡ Me divierte 

ver que te robó la moza! 

¡ Bien, Sebastián ! 
SEBAS. No se goza 

tu mala idea en mi suerte; 

nadie la moza ha robado; 

que os engañó "el Renegado"; 

a todo el pueblo mentí. 

¡ A todos os he burlado ! 
CARLOS (Burlón.) 

¿La guardabas para él? 
SEBAS. (Firme. Enérgico.) 

¡Sí! 

¡ Para él solo la he guardado ! 

i Igual que ahora, aquí, clavado, 

guardo los dos para mí ! (Abraza a los mu- 
chachos.) 

CUADRO FUERTE EN LA ORQUESTA 
TELÓN RÁPIDO Y FIN DE LA ZARZUELA 



OBRAS DE LOS AUTORES 

De S. Adame Martínez 



Flirt, paso de comedia en un acto y en prosa. 

El principe Raudhik, comedia en cuatro actos y en 
prosa (1). 

La banda de Saboya, zarzuela en un acto y en prosa. 
Música de los maestros Villarrazo y Muñoz (1). 

Mi prima Dolly, comedia en tres actos y en prosa (1). 

¡Te ha guiñado un ojo!, vodevil en tres actos y en prosa, 
arreglo de uno original de Hennequin y Weber (1). 

La hoguera, drama en tres actos y en prosa (1). 

La princesa está triste, humorada en un acto, en prosa 
y verso. Música de los maestros Bertrán Rejma y Torcal. 

¡Achanta, que te conviene!..., apunte de saínete en un 
acto y en prosa. Música del maestro Romero (M.) (1). 

¿Estamos todas?, carta de presentación en un acto y en 
prosa. Música de los maestros Muñoa y Miranda. 

Feria de abril en Sevilla, saínete en un acto, en prosa 
y verso. Música de los maestros Torre y Miranda (2). 

¡Qué Colón!..., bufonada en un acto y en prosa. Mú- 
sica del maestro Calleja (1). 

Fernando el Santo, vodevil en un acto y en prosa. Mú- 
sica del maestro Muñoa (1). 

Paca la Morena, o El figón de Curtidores, saínete en 
dos actos y en verso. Música del maestro Roig (3). 

El oro del ring, escenas madrileñas en tres actos y en 
prosa (4). 

Che. Isidoriño, comedia en tres actos y epílogo, en 
prosa (5). 

El cantar del arriero, zarzuela en dos actos, en prosa 
y verso. Música del maestro Díaz Giles (5). 

Paloma de Embajadores, saínete madrileño en dos ac- 
tos — el segundo dividido en dos cuadros — , en prosa y ver- 
so. Música del maestro Díaz Giles (5). 

¡Perdone usted a mi papá!, entremés en un acto y en 
prosa. Música del maestro Díaz Giles (5). 

El caballero del mar, zarzuela en dos actos — el segundo 
dividido en dos cuadros — , en prosa y verso. Música del 
maestro Zamacois (5). 

Veintinueve zafiros, comedia en tres actos y en prosa (5). 



(1) En colaboración con Enrique Jardiel Poncela. 

(2) En colaboración con Salvador Valverde. 

(3) En colaboración con Joaquín Vela. 

(4) En colaboración con José Simón Valdlvlelso, 

(5) En colaboración con Adolfo Torrado Estrada. 



De A. Torrado Estrada 



Crac, comedia de alta sociedad, en dos actos y en 
prosa (1). 

Cantuxa, ópera en tres actos. Música del maestro Baudot. 

Che, Isiáoriño, comedia en tres actos y epílogo, en 
prosa (2). 

El cantar del arriero, zarzuela en dos actos, en prosa 
y verso. Música del maestro Diaz Giles (2). 

Don Juan contra Don Juan, comedia en tres actos y 
epílogo, en verso. 

Paloma de Embajadores, saínete madrileño en dos ac- 
tos — el segundo dividido en dos cuadros — , en prosa y ver- 
so. Música del maestro Díaz Giles (2). 

La moza del coitadiño, zarzuela en tres actos, en prosa 
y verso. Música del maestro Rebollo (3). 

¡Despierta, Silverio!, farsa grotesca en un acto y en 
prosa. 

¡Perdone usted a mi pava!, entremés en un acto y en 
prosa. Música del maestro Diaz Giles (2). 

El caballero del mar, zarzuela en dos actos — el segundo 
dividido en dos cuadros — , en prosa y verso. Música del 
maestro Zamacois (2). 

Veintinueve zafiros, comedia en tres actos y en prosa (2). 

Cinematógrafo imperial, libro de J. López-Amor. 

De arribada forzosa, libro de A. Quesada. 

Buena travesía, libro de A. Quesada. 

Doraida, libro de Cabrerizo y Jaquotot. 

Danza siberiana, intermedio de concierto. 

Rocío, ópera en un acto. 

¡Y decías que me amabas!, libro de F. de Torres y A. Es- 
tremera. 

La Cirila, libro de A. Paso y Loygorrí. 

Yo me caso con usted, libro de A. Paso y A. Estremera. 

La Cascada (balneario), libro de C. Jaquotot. 

La mala hierba, libro de C. Jaquotot. 

El Romeral, libro de J. Muñoz y D. Serrano. 

Los mandarines, libro de J. Muñoz y D. Serrano. 

El cantar del arriero, libro de S. Adame y A. Torrado. 

Paloma de Embajadores, libro de S. Adame y A. Torrado. 

¡Perdone usted a mi papá!, libro de S. Adame y A. To- 
rrado. 



(1) En colaboración con Jenaro G. Catoira. 

(2) En colaboración con Serafín Adame Martínez. 

(3) En colaboración con Aizpuru y Barallobre. 



Precio: 4 pesé